La embajada

Embajada de Italia en Madrid

Llegamos pronto. Puntualidad británica para acceder a la Embajada de Italia en Madrid. Al ser las primeras, Maya y yo, siempre bajo la vigilante mirada de uno de los miembros del equipo de comunicación, tenemos oportunidad de vagar por los amplios salones de la planta baja, con ventanas enormes, que muestran un jardín donde la primavera lo ha infectado todo; y un par de lámparas de lágrimas de cristal, que me recuerdan a los bailes de las novelas de Jane Austen y las películas antiguas. Es lunes por la tarde, la iluminación es amarilla y, mientras esperamos a Dacia Maraini en ese espacio silencioso y mullido, decorado con kilométricas alfombras sobre las que nuestro acompañante nos llama la atención, como me pasa siempre en cuanto mi mente se despeja, pienso en nuestra historia y en que debería llamarla solo “mía”, porque precisamente es esta soledad aparente y convenida la que me está volviendo loca.

Algún día escribiré de verdad sobre estos días de luz —no se me ocurre llamarlos de otra manera— y me veré a mí misma sin reconocerme, despojándome sorprendida de todos mis miedos y explorando para ti mis zonas más oscuras. Sé que entonces me alegraré, sin importar lo que esté por venir.

Lo que sí me pregunto a menudo es por qué ahora y por qué de esta manera tan extraña.

No tengo respuesta.

Hace años leí a Annie Ernaux, La ocupación, y no la entendí. Pero ayer llegó otra novela suya a la librería, El uso de la foto, y al leer la contraportada pensé que debía estar escrita para mí. La última frase decía: “A lo mejor es porque solo podía hacerlo con aquel hombre en aquel periodo de mi vida”.

La sangre y el poeta. Notas sobre “La gran renuncia”

Limpio la casa. Es una de las pocas cosas que me tranquiliza. La mañana del domingo es luminosa y mis escasos muebles tienen el aspecto brillante del papel antes del incendio. Todo debería arder de repente por combustión espontánea, me digo, así se cerrarían mis múltiples frentes abiertos. Sería un curiosísimo final.

Pero todavía es muy pronto para rendirse.

Pienso en el uso excesivo de los adverbios y en cómo a veces las historias que parecían sólidas se diluyen sin dejar rastro, en cómo lo que parece piedra termina siendo humo y, precisamente por eso, la herida que produce es leve, apenas un soplo de ceniza en esta primavera de viento y ácaros sin piedad.

También pienso en la piel intacta, que el miedo aleja de las cicatrices, y en que había algo de cierto en esa fe medieval en la sangría como vía de escape necesaria para un veneno que, de otra forma, infecto y atrapado en la sangre, ocasionaría la muerte.

El poeta Esteban González Guitart fotografiado por Luis Gaspar

Y entre lavadora y lavadora, con las primeras sábanas tendidas en las puertas de la buhardilla minúscula, las dos claraboyas abiertas y un café con leche enfriándose en la mesita, leo La gran renuncia, de Esteban González Guitart:

“Lo cierto es que uno no se libra nunca de aquello que abandona, ni vuelve a ser quien fue antes de la elección. Dice Chantal Maillard que vamos siendo aquello a lo que hemos renunciado”.

Esteban escribe estas líneas en el prólogo a su poemario y, con la maleabilidad mágica que ajusta cada poema y cada canción a nuestra propia realidad, recorro mis últimos días, mis últimos años y me duelo de mis rendiciones, de todos los caminos que, la mayoría de veces por cobardía pero también por instinto, no seguí… me duelo de mi última renuncia, cuya luz, desde hace mucho tiempo crepuscular, se resiste a desaparecer.

Siempre me voy, pero últimamente –debe ser que me estoy haciendo adulta por fin– hago cosas nuevas: digo que echo de menos si echo de menos y desprotejo mínimamente el corazón. Para mí, estos gestos pequeños son como saltos al abismo, hacer caso omiso a la advertencia de “a partir de aquí, monstruos” que los marineros recibían cuando se adentraban en aguas sin cartografíar.

He aprendido que el corazón puede romperse mil veces y mil veces se recupera.

Leo en el poemario:

Nunca dejamos de transitar

un caudal imprescindible

de nosotros.

A golpe de rueda, se renuncia.

A golpe de rueda, vamos siendo

el origen de todas las imágenes,

y todo el lujo y su furor

cuando se apagan,

¿verdad, Paloma?

Y leo también, hoy mismo, detrás del mostrador de la librería con la primera hora de la tarde al otro lado del cristal y la sensación de que un extraño equilibrio de mar en calma se encargará por mí de resolver las cosas.

Alessandra me manda una foto de Nueva York al amanecer y Rumi me trae cordero guisado al estilo búlgaro que ceno chupándome los dedos. Hay una red sin fronteras que me sostiene y me permitirá caer.

Ya estoy cayendo.

Intimidad

Hay una novela que se llama así. La escribió Kureishi. Cayó en mis manos a mis veinte años y no la entendí. Ahora pienso en ella sin saber muy bien de qué iba, y me digo a mí misma que, si volviera a leerla, me ayudaría a resolver este misterio.

“Escribe lo que quieras, escribe sin piedad”, las palabras de Raquel, que es sabia, se repiten de nuevo en mi cabeza. Las menciono siempre. Para mí, hay un antes y un después de aquella conversación que mantuvimos cuando aún no sabíamos todo lo que nos iba a pasar y comíamos helado de vainilla los domingos, revisando clásicos del cine que, en su mayoría, adaptaban novelas de Edith Warton y Henry James. En aquel tiempo –Curro tenía meses– fuimos muy felices; en este, de otra manera, yo creo que también. Sin embargo, esta mañana, al salir del banco de camino a la librería, por la calle del Carmen en dirección a Callao, con los cascos puestos y Los Piratas en el Spotify, me han entrado ganas de llorar. Si dijera que no sé por qué, estaría mintiendo.

Escribe lo que quieras, escribe sin piedad.

Ayer por la tarde escuchamos una canción.

Y fue después, ya sola en casa, terminada la clase de inglés con Omar, el arpista persa, en el hotel Suiza, y antes de hablar con mi madre sobre la nueva afición de Rafeta a pescar peces de cartón, cuando me quedé mirando el techo y me interrogué sobre el concepto de intimidad. ¿Qué escribiría Kureishi?

Le dije a Omar (en inglés, por supuesto) que se me habían ido las ganas de escribir. También se lo dije a Luis, a él en español. Luis no le dio importancia y lo achacó a la efervescencia de mis últimas semanas; Omar me dijo que “abandonara la burbuja”. Me dijo: “sal, vete de ahí”.

Pero yo no puedo, no quiero irme.

Necesito estos días físicos y sin ninguna pretensión. Intuyo que están bien y que valen por sí solos, sin pensar en nada más, porque la idea del futuro, su capacidad de transformación de la realidad, resulta terrible a veces y merece ser desterrada. Actúa como un freno, a pesar de que no existe.

Llegué a una conclusión con Omar, que más que un profesor de inglés parece un psicólogo salido de una película de Woody Allen: y es que siempre he vivido dos vidas (¿quién no?), producto la segunda de las frustraciones generadas en la primera; una vida de verdad y otra escrita, creada para ser el trastero del ansia no cumplida, un patio de atrás en el que maquinar simulacros de lo que nunca va a pasar. Pero de repente esto se ha terminado.

Comparto el deseo tal y como yo lo concibo, exactamente como lo imagino.

Alguien ha entrado en el cuarto oscuro y se ha instalado allí sin alterar nada.

Respeta mi juego.

Y no hay mayor intimidad posible.

¿O sí?

Regreso a la canción.

Y entonces escribo.

Donna Leon: “Buscamos en la ficción criminal una forma de justicia que en la vida real ya no existe”

En el nombre del hijo (Seix Barral, 2019. 312 páginas. 18, 50 euros) utiliza su trama no para que nos interpelemos acerca de la justicia administrativa, sino para que reflexionemos sobre nuestra propia capacidad a la hora de emitir veredictos morales, algo que a menudo, como nos cuenta Donna Leon en su novela, hacemos con una sorprendente ligereza.

IR A LA ENTREVISTA COMPLETA EN ABC CULTURAL.

Läckberg, Morton, Banville y Black. Mis tres entrevistas a cuatro personajes maestros del suspense

Camilla Läckberg: “Las mujeres vivimos tiempos interesantes, el poder está cambiando de manos”. (Leer entrevista completa).

Kate Morton: “Las redes sociales nos obligan a reconstruir nuestra identidad” (Leer entrevista completa).

John Banville: “Cada lectura es singular. El autor es lo menos importante de la literatura” (Leer entrevista completa).

La novela negra española en Cervantes y compañía

¿Quién se apunta?

CONTENIDOS:

—Sesión 1: Contar la realidad. El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández. 

—Sesión 2: Ellas investigan. No soy un monstruo y La química del odio, de Carme Chaparro. 

—Sesión 3: Las fuerzas del orden. Alma Mater, de Ana Muela Pareja.

—Sesión 4: El best seller. Reina Roja, de Juan Gómez Jurado.

CUÁNDO: Lunes 4, 11, 18 y 25 de febrero, de 19:30 a 21:00 horas.

CUÁNTO: 30€ el curso completo / 10€, sesión individual.

VENTAJAS: Un 5% de descuento en la librería al adquirir las novelas recomendadas durante el curso.

CÓMO APUNTARSE: En el mostrador de la librería o escribiendo a lacervantina@cervantesycia.com. Es necesario escribir para reservar la plaza, aunque se pague la matrícula en la librería, el día de la sesión.

Este otoño

(1) En Getafe Negro 2018.

(2) Mujeres dentro y fuera de la literatura, con Camilla Läckberg y Carme Chaparro. Embajada de Suecia en Madrid.

(3) Con Jorge Volpi en Guadalajara en Negro.

Así fue el encuentro #EllasEscribenNegra

El jueves 22 de febrero, en el Foro One Monedero, con la inestimable compañía de Imma Aguilar, charlamos sobre algunas de las mujeres más interesantes de la historia de la novela negra: Patricia Highsmith, P. D. James, Joan Lindsay y Shirley Jackson estuvieron presentes en un encuentro que se caracterizó por la ausencia de prejuicios y escrúpulos a la hora de abordar un tema tan espinoso como el crimen, tanto en la realidad como en la ficción.

Utilizando fragmentos de sus mejores obras para profundizar en los rasgos fundamentales del género (pensamiento libre, estructura, verosimilitud, misterio, muerte y miedo), conversamos acerca de títulos como Suspense, Todo lo que sé de novela negra, Picnic en Hanging Rock y Siempre hemos vivido en el castillo; ensayos e historias que, sin duda, han influido mucho en El jardín de los sospechosos y el resto de mis novelas.

Una tarde que no se me olvida.

Crónica periférica de BCNEGRA: “A veces, el único modo de no ser una víctima es convertirse en criminal”


No pude quedarme a escuchar a Don Winslow ni a James Ellroy, no estuve entre el público de las pistas más iluminadas de BCNEGRA. Cero perturbación, las apariciones estelares se contaron mil veces y se contaron muy bien, así que yo me perdí por los escenarios periféricos del festival y pasé las tardes del miércoles y el jueves camuflada en el inmenso patio de butacas del Conservatori del Liceu. Allí descubrí algunas voces interesantes.

De todas ellas, sin duda, la más peculiar fue la del ruso Andréi Kurkov, exfuncionario de prisiones en Odesa, donde animó a los presos a fundar una banda de música, y autor del atípico Muerte con Pingüino, recientemente publicado por Blackie Books. En su novela, Kurkov cuenta la historia de Viktor, un escritor arruinado que adopta a Misha, un pingüino deprimido y enfermo del corazón. Cuando Viktor consigue un empleo como redactor de necrológicas, se desencadena misteriosamente una serie de muertes de personajes ilustres que le garantizan el trabajo. A través del humor y el escepticismo, Kurkov utiliza la novela negra para retratar la sociedad ucraniana postsoviética y constatar que en algunos países (podríamos decir en todos) donde la corrupción es una parte tácitamente aceptada del sistema, “a veces el único modo de no ser una víctima es convertirse en criminal”.

En su casa atestada de pingüinos que le llegan de los lugares más recónditos del planeta de parte de lectores rendidos a sus pies, el escritor ha empezado una historia nueva en la que las protagonistas serán las abejas que, como los pingüinos, son gregarias por naturaleza, si bien en las tramas de Kurkov esa necesidad de avanzar y “ser” en el grupo a menudo conduce a la tristeza y la desesperación.


Junto a Andréi Kurkov, el británico Ray Celestin, que acaba de publicar en Alianza Negra El blues del hombre muerto, destacó la importancia del escenario a la hora de desarrollar un argumento de género. Por eso él, en esta ocasión, ha escogido para su ficción hiperdocumentada la mezcla de jazz y mafia del Chicago de los años veinte, donde era ilegal el consumo de alcohol (la cuarta industria más importante de Estados Unidos en el momento de su prohibición).

En El blues del hombre muerto se cruzan Al Capone y Louis Armstrong, y la narración avanza con un tono no demasiado taciturno, sino más bien algo ligero, el ideal para compensar la dosis de sangre y horror de los bajos fondos.

Nadie está a salvo

El primer día hizo sol y me compré en La Central de Mallorca, tras la lectura del artículo de Elvira Lindo, la no ficción sobre el asesinato y posterior descuartizamiento de Laëtitia Perrais, Laëtitia o el fin de los hombres. El segundo día no dejó de llover y, acatando una de las verdades fundamentales de toda novela de crímenes, la de que es alrededor de unan buena comida o con una copa entre las manos cuando se revelan los más interesantes secretos, el periodista y escritor Jordi Corominas, la agente literaria Amaiur Fernández y yo nos fuimos a comer al Raval, al lado de Casa Leopoldo, lugar de inspiración para Vázquez Montalbán… aunque nosotros, fieles al espíritu periférico no entramos allí, sino en El Cafetí, ubicado en la misma calle y con un menú de cocina tradicional por solo 12€, que incluía los mejores garbanzos estofados que he probado en mucho tiempo.

Entre el primer plato y el postre (tarta casera de galleta maría), comentamos la fiesta canalla de la noche anterior en la antigua fábrica de cerveza Estrella Damm, donde Norma había presentado BCN Noire , la antología de 23 historietas ambientadas en la Barcelona más oscura en la que han participado, entre guionistas e ilustradores más de 48 artistas liderados por “Raule”, el impulsor de la idea, y en la que los nombres de mujer escasean de forma escandalosa.


Para compensar la ausencia de perspectiva femenina, Amaiur y yo continuamos la tarde escuchando a B. A. Paris, que tras su éxito Al cerrar la puerta acaba de volver a las librerías con Confusión; e Inés Plana, debutante excepcional con Morir no es lo que más duele; ambas acompañadas por el nigeriano Leye Adenle, cuya primera novela, Highlife, publicada por la editorial argentina Metalucida, lo llevó a reflexionar sobre esa idea preconcebida y ya caduca de que hay en el mundo lugares más seguros que otros… nadie está a salvo.

En ningún sitio.

En febrero, #EllasEscribenNegra

Estoy muy contenta de participar en las actividades que organiza el Foro One Monedero.

El próximo 22 de febrero a las 20hs charlaremos sobre lo que hay de atractivo en un crimen; sobre los fantasmas y las pulsiones habitualmente reprimidas, que despiertan las páginas de sucesos y la ficción criminal en quienes las escriben y en el lector.

A partir de mis lecturas y mi propia experiencia como autora, en el encuentro realizaremos un recorrido por la obra, las filias y las fobias de las grandes damas del crimen y sus personajes más emblemáticos. El Poirot de Agatha Christie o el Ripley de Patricia Highsmith se darán cita en este coloquio que tiene la intención de repasar la vida, la literatura y la atracción por la sangre fría de algunas de las mujeres más interesantes de los dos últimos siglos.

Así que allí os espero. Si os apetece, sólo tenéis que inscribiros.