Los libros de ‘La ventana del verano’ 2026

ESCUCHA AQUÍ LA VENTANA DE LOS LIBROS DEL VERANO.

El muro, de Marlen Haushofer, en Siruela:

En el año 1963, Haushofer publicó el muro y a medio plazo pasó injustamente desapercibida. Una mujer acepta la invitación de un matrimonio amigo para pasar el fin de semana en su casa de la montaña. En cuanto llegan, el matrimonio baja al pueblo más cercano a hacer unas compras y la mujer se queda sola. Ya no los volverá a ver. El acontecimiento de ciencia ficción que desencadena la acción de El muro sirve de excusa para las reflexiones tremendamente actuales de su protagonista. Escrita en primera persona y con un estilo exquisito, la novela de Haushofer, recuperada en español hace unos años por la desaparecida Volcano, ha vuelto ahora a las librerías gracias a la editorial Siruela, y no deberíamos dejarla escapar.

Mantequilla, de Asako Yuzuki, en Temas de Hoy:

Vuelve la autora de La gula con un thriller original, donde la sangre y la cocina compiten en protagonismo. Una asesina en serie que se dedica no solo a matar a hombres millonarios, sino a disfrutar de la cocina al máximo; una periodista con ganas de lograr la exclusiva de su vida, sin imaginar que lograrla afectará tanto a su carrera profesional como a su vida más íntima; y un escenario, el Tokio de nuestros días, inmejorable. Leer a Asako Yuzuki debe estar entre los imprescindibles de los adictos a la ficción criminal, pero también de los amantes de la buena literatura en general.

La verdad oculta de Walter Andretti, de Antonio Manzini, en Salamandra:

Antonio Manzini, reciente ganador del Premio González Ledesma del Festival Valencia Negra a toda una trayectoria, se aparta de su personaje más emblemático, Rocco Schiavone, para ofrecernos la que probablemente sea, y no exagero, una de las mejores novelas del año. El periodista deportivo Walter Andretti, es trasladado a la sección de sucesos y afronta desde su inexperiencia una serie de crímenes en apariencia inconexos entre sí, pero con un imprevisto factor común. Entretenida en su función de historia criminal con enigma por resolver, La verdad de Walter Andretti da un paso más en su juego con el lector y le reserva al final una sorpresa desconcertante, más relacionada con el enigma  que en sí misma es la literatura que con la resolución del crimen (que también queda muy clara, que nadie se asuste).

Aquel sofocante verano, de Eduard von Keyserling, en Ediciones Invisibles:

Este librito (pequeño en dimensiones y extensión) pertenece a la colección Pequeños Placeres, perfecta para los viajeros que no quieren prescindir de la buena literatura, pero tienen poco espacio en su equipaje. Desde hace ya unos años, Ediciones Invisibles acumula en esta línea de diseño preciosísmo una serie de obras breves y no tan conocidas de grandes autores clásicos: Henry James, Françoise Sagan, Edith Wharton o Joseph Conrad, por ejemplo. Aquel sofocante verano, ambientada en el XIX, cuenta la historia del verano en que un adolescente con malas notas se ve obligado a quedarse sin vacaciones y acompañar a su padre en su trabajo y rutina, mientras el resto de la familia se marcha. Este es el punto de partida para un viaje de descubrimiento propio y ajeno, maravillosamente escrito.

El aire quema, de Mónica González Inés, en Destino:

En 2023, Mónica González Inés consiguió una beca de la Escuela de Escritores por su primera novela, El aire quema, la historia de Lúa Cruz, una mujer exitosa, empeñada en poder con todo, a la que un inesperado accidente no solo le cambia la vida, sino que la obliga a repasar todo lo vivido en un intento inconsciente de entender como ha podido llegar hasta el momento en que la va a conocer el lector. Escrita con un detallismo microscópico —yo la compararía con un cuadro de Antonio López—, esta caída a los infiernos es tanto una denuncia social de lo mucho que el sistema nos exige, como un ejercicio de buena literatura.

Persépolis, de Marjane Satrapi, en Reservoir Books

La muerte de Satrapi el pasado junio, así como la actualidad internacional, donde Irán no deja de ser protagonista, devuelve esta novela gráfica, rompedora en su momento e imprescindible hoy, a primera línea en las librerías. A partir de Persépolis, siempre resulta interesante adentrarse en la lectura de la obra completa de Satrapi, que incluye la recopilación coordinada por ella Mujer, vida, libertad.

Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut, en Blackie Books

Este verano, la editorial Blackie Books ha apostado por Vonnegut, acercando a las librerías algunos de sus títulos más representativos: Madre nocheDesayuno de campeones o Galápagos respaldan la que sin duda es su novela más representativa, Matadero cinco, una historia que nos lleva del bombardeo de Dresde al planeta Trafalmadore para ofrecernos un originalísimo relato antibélico con una huella irrepetible, la del autor estadounidense.

Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan, en Anagrama

Para todos los lectores y lectoras de Las gratitudes, sin duda la novela que ha catapultado a Delphine de Vigan al olimpo de las redes, he aquí el título que la hizo merecedora del favor de la crítica y la consagró como una de las voces más importantes de la literatura actual. En Nada se opone a la noche, un texto de autoficción, a medio camino entre la confesión y la biografía, asistimos a uno de los retratos más honestos, emocionantes y desgarradores que una hija puede hacer de una madre.

Odisea, de Stephen Fry, en Anagrama:

Stephen Fry, famoso tanto por su perfil de divulgador como por su faceta artística (es Peter, en Los amigos de Peter y Wilde en Wilde), vuelve después de sus exitosos ensayos MythosHéroes y Troya para cerrar su tetralogía dedicada a la cultura clásica y contarnos el viaje que, tras la caída de Troya, llevó a Odiseo-Ulises de vuelta a Ítaca, un periplo plagado de aventuras que se alargó durante diez años.

Lo mejor de este libro: la mezcla de la inmortal aventura homérica con la voz y en tono de Fry, que reconstruye la Odisea para permitirnos saltar la barrera formal del tiempo y adentrarnos definitivamente en ella.

Europa. Una nueva historia, de Roderick Beaton, en Ático de los Libros:

¿Qué es Europa? ¿Un territorio? ¿Una idea? ¿Una eterna quimera que nunca llega a perfilarse del todo y de la que entran y salen las naciones como actores sobre un escenario? La leyenda cuenta que, cuando el príncipe Eneas huye de Troya, no sabe que es el primero de la estirpe que hará de Roma un Imperio destinado, junto con la Grecia victoriosa de la guerra, a convertirse en uno de los pilares fundamentales de la historia de Europa.

Beaton, catedrático emérito en el King’s College de Londres y especialista en historia y cultura griegas, retoma en este punto la narración y nos propone un entretenido viaje desde el principio de los tiempos hasta nuestros días, con un interesante hilo conductor: la evolución e identidad de Europa.

La liebre con ojos de ámbar, de Edmund de Vaal, en Acantilado:

Cuando el autor de este libro recibe de su tío una curiosa herencia, una colección ancestral de más de doscientos Netsuke (pequeñas figuritas de artesanía japonesa), se propone rastrear la historia de semejante legado y descubrir cómo acabó en poder de su familia, cuyo origen se adentra en la antigua Europa.

Con esta intención, De Vaal se sumerge en un apasionante y literario viaje que no solo nos contará la historia de la colección, sino también la del mundo que fue (y es) su escenario.

El hijo del oligarca, de Patrick Radden Keefe, en Seix Barral (a la venta el 16 de septiembre):

En la madrugada de la noche londinense, Zac Brettler, de 19 años, se asoma al balcón del apartamento de uno de los edificios más lujosos de la ciudad, con vistas al Támesis. A los pocos segundos, salta. Esta es la historia de un impostor, pero también de una ciudad y, por extensión, de un continente entero.

Con el rigor y el pulso narrativo que ya ha demostrado en No digas nada o El imperio del dolor, Radden Keefe nos trae el que sin duda va a ser uno de los libros de la temporada; la historia real de una familia decidida a descubrir ya no quién era su hijo, sino quién pretendía ser y a qué oscuridades eligió asomarse.  Un texto destinado a perdurar.

Bajo el cielo infernal, de Alicia Giménez Bartlett, en Destino (a la venta el 2 de septiembre):

Desde que, en 1996, la inspectora Petra Delicado saltara al universo de la ficción criminal española, la calidad de las novelas que protagoniza ha ido en aumento y esta nueva entrega, junto con la anterior, La mujer fugitiva, forma un tándem imperdible para todos los amantes de la buena literatura.

En esta ocasión, el asesinato de un jesuita en uno de los barrios más pauperizados de Barcelona pone en marcha una deriva narrativa plagada de acción, humor y reflexiones inteligentes. Todo esto mezclado con el proceso de duelo de Petra, que se encara a la religión y, a lo largo de la novela, evoluciona de forma emocionante. Nadie que disfrute con la literatura española debería perderse la obra de Alicia Giménez Barttlet.

El retiro, de Charlotte Wood, en Libros del Asteroide (a la venta el 7 de septiembre):

Naturaleza, reflexión y comunidad. Hay una corriente literaria que explora este territorio, pensemos por ejemplo en la excepcional De bestias y aves, de Pilar Adón. 

El retiro nos lleva de la Australia más urbanita de la capital a la de una pequeña comunidad aislada, donde la protagonista de esta novela busca refugio y reconexión, volver a encontrar la belleza.

Giacometti

No sabe por qué se le ocurre ordenar los lápices. Es temprano, poco después de las ocho, pero ya hace calor. El mismo calor de todas las mañanas de julio.

Los lápices de colores, que casi nunca utiliza, están mezclados en un par de tazas blancas de cerámica, con viñetas de Forges, que un inquilino anterior olvidó en el apartamento. Pero ella nunca se vio tomando café en esas tazas, por eso decidió darles otro uso y ahora las tiene detrás del portátil, en el escritorio de madera, repletas de lápices, bolígrafos y rotuladores a los que nunca les presta atención. Hasta esta mañana de julio en que se le ha ocurrido revisarlos y ha encontrado entre ellos, hecho un rollito minúsculo, sujeto por una goma, el folleto de la exposición de Giacometti que hace siete veranos visitó junto a él.

Acababan de conocerse. Aún no sabían quiénes eran y en ese momento fue cuando se quisieron más o, al menos, cuando ella más lo quiso. 

Está segura.

Vuelve a olvidarse de los lápices y se sienta muy lentamente en el sofá, con el folleto de la exposición entre las manos y la sensación de haber recibido una carta del pasado que no necesita. Lee: «Hacia 1930, Giacometti se adhirió al movimiento surrealista, sustituyendo progresivamente en su obra lo real por lo imaginario».

Vaya, piensa, en su caso el camino fue el inverso. Busca el cuaderno que, como siempre, descansa sobre la mesa de café y escribe lo que se le acaba de ocurrir: «Ahí, en ese instante de desconocimiento, fue cuando yo más te quise; cuando todavía no eras tú y yo no era para ti la mujer que soy. Éramos dos extraños, cuya existencia se limitó a ese día y a el uno para el otro. Nadie más en el mundo nos conoció; y al salir del museo y despedirnos, después de habernos hecho felices, desaparecimos. No podíamos existir sin mirarnos. La realidad no es aquello de lo que nos alejamos, sino lo que llega después».

Ahora le vienen a la cabeza unos versos de Pizarnik:

Nos hemos arrodillado 

y adorado frases extensas 

como el suspiro de la estrella, 

frases como olas,

frases con alas.

El poema completo, que le descubrió una amiga una tarde en que dejaron morir el tiempo visitando librerías, se llama Cenizas, y a ella le gustaron tanto aquellos versos que los anotó en el mismo cuaderno en el que ahora está escribiendo su reflexión a propósito del día en que visitaron la exposición de Giacometti… «¡Qué momento tan afilado y peligroso!», continúa, y anota y luego tacha: «Algunos recuerdos son como el sol y nunca deben abordarse de frente. Solo pueden mirarse desde lejos».

Cinco lecturas infalibles para este verano

Terminada la Feria del Libro de Madrid y con la promoción de La doble desaparición de Abril del Pino tomándose un descanso, aprovecho para pasarme por aquí y hacer dos cosas que llevan demasiado tiempo en mi lista de pendientes: DAROS LAS GRACIAS por estos meses de encuentros y apoyo alrededor de mi literatura, y dejaros una lista de lecturas fabulosas para pasar el verano no solo desconectando, sino también descubriendo historias nuevas en esa dimensión paralela que es la ficción.

Allá vamos.

  1. LA VERDAD OCULTA DE WALTER ANDRETTI (Antonio Manzini. Salamandra): Lo pasé genial la última edición de Valencia Negra, donde, entre otras muchas cosas, tuve la oportunidad de coincidir con dos autoras a las que he disfrutado mucho, como voces narrativas y también como compañía: Inma Pelegrín y Marian Peyro. Sin embargo, una cosa se quedó en el tintero: conocer a Antonio Manzini (él salió hacia el aeropuerto diez minutos antes de que yo llegara a su hotel para encontrarme con una buena amiga común). ¡Qué rabia! Leer La verdad oculta de Walter Andretti —novela independiente, que no forma parte de la famosa serie literaria de Manzini protagonizada por Rocco Schiavone— es mucho más que adentrarse en una excepcional trama criminal: es participar de un increíble homenaje a la literatura, al juego entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira. A la altura de mi imprescindible Operación dulce y en su estela, nadie debería dejar escapar esta novela. La vais a devorar.
  1. A MEDIA LUZ (Joyce Carol Oates. Lumen). Me he hecho con este libro hace apenas unas horas y ya estoy atrapada entre sus páginas sin posibilidad de escapatoria. Sabía que pasaría, porque Carol Oates es, al menos para mí, un acierto seguro. Ayer, que libraba después de los días agotadores de la feria, me pasé por Verbena, la librería que Silvi y María regentan en La Latina y, después de un ratito de sol en el banco plegable junto al escaparate, me deje llevar hasta dar con esta reedición de Lumen, que empecé en la misma librería, mientras Silvia daba entrada a nuevas lecturas.¿Quién es Adam Berendt? El personaje que muere de forma imprevista al principio de esta historia y nos introduce en ella. ¿Por qué, más a menudo de lo que deberíamos, no nos interrogamos sobre la identidad y las sombras de aquellos a quienes más queremos hasta que los perdemos? ¿Cómo cambia nuestra percepción del mundo y de la cotidianidad con la edad que, inevitablemente, cumplimos? No sé si Carol Oates tiene la respuesta, pero sí que ofrece siempre las claves para que nos planteemos nuevas preguntas.
  1. EL EJÉRCITO CIEGO (David Toscana. Alfaguara). Hace unos meses, pocas semanas después de que El ejército ciego conquistara el Premio Alfaguara, un buen amigo, el escritor David López Canales, me escribió un WhatsApp muy breve sobre este libro, que se había llevado de Cervantes y cía una mañana de charla compartida: «léelo». Y así lo hice; y me gusto tanto que lo programamos en la librería para el club de literatura contemporánea y resultó un éxito, quizás porque en esta historia Toscana se salta todas las reglas. Formalmente, nos encontramos ante casi una fábula. En cuanto a su contenido, que no escatima en humor negro y escatología, a partir de un episodio sucedido hace aproximadamente diez siglos, Toscana nos habla del ahora y nos regala temas de conversación para más de un aperitivo o unas cañas.
  1. HISTORIAS DE FANTASMAS (Siri Hustvedt. Seix Barral). Poco hay que decir sobre esta crónica emocionante que orbita alrededor de dos vidas enteras y dos literaturas, que son una. Lo tiene todo: emoción, lucidez y algo de tributo, para todos los que amamos la trayectoria de Hustvedt y Auster, miradas que, al menos en mi caso, han cincelado mi forma de entender la escritura.
  1. UNA PEQUEÑA IDEA MALÉVOLA (Ena Lucía Portela. Siruela). Amantes de la ficción criminal, este es vuestro ensayo para las vacaciones. Los textos de Ena Lucía Portela amplían la mirada sobre los grandes clásicos del género y nos llevan de una referencia a otra hasta lograr algo que, cuando se ha leído mucho en una misma dirección, creemos imposible: abrir caminos nuevos. Me hice con mi ejemplar en Letras Corsarias, poco antes de coger un tren de vuelta a Madrid, el pasado marzo, y el viaje se me pasó en un vuelo.

León y Ponferrada. Una crónica

Con Álex y Petia

Los días pasan rápido entre la librería, las ciudades y los trenes.
En León, después de visitar Galatea y participar en el club de lectura de Adictos al Crimen, que coordina la gran Marta Marne, cenamos de tapeo y nos reímos una vez perdida la vergüenza de la primera impresión. Mientras nos calentamos con tacitas rojas de sopas de ajo y una cazuela de morcilla con piñones y puré de manzana, que no puede estar más buena, perdemos el respeto a los personajes de la novela y bromeamos sobre ellos y, aunque no lo digo, sin dejar de participar en la conversación y compartir las risas, noto como, al sentirlos tan vivos, la alegría me crece por dentro, dorada y suave, igual que la Mantequilla de Asako Yuzuki, que he elegido para acompañarme en los trayectos.

Con los Adictos al Crimen de León

Los días pasan también al otro lado de las ventanas de los trenes; se consumen como papel muy fino, sujeto entre los dedos hasta que las yemas se queman y lo dejan caer. Esa es la consistencia del Barrio Húmedo, del paisaje que envuelve la catedral, tan grande e imponente, en el centro de un laberinto de estrechas y retorcidas callejuelas. Un paisaje que ha prendido. Apenas son las diez y llamo a Claudia para ponernos al día. Hace frío, paseo y buscó una bufanda que al final no compro. Me refugio en un café y la mañana avanza con una tranquilidad de otra época, sin prestarle atención al trabajo que voy sacando adelante por teléfono, entre una tostada y un zumo.
Veo un mundo de fuego y de palabras que lo llenan todo, desde la Librería Pastor, donde Maite, Javier y David me hicieron sentir como en casa, a El Libro Imposible, que conjura recuerdos; una luz amarilla al fondo de la plaza, recorrida despacio la calle del Reloj.

Con Maite, de la Librería Pastor


En Ponferrada siempre he sido feliz.
El tren regional, con el vagón prácticamente vacío, se acerca a la estación donde Petia me espera. Luego conoceré por fin a Álex. Ha salido el sol, pero el frío se resiste a marcharse y sella nuestro abrazo; y todo, aunque invisible, sigue allí, envuelto en una música antigua y nueva, la de la banda sonora de El secreto de la pirámide, que escucho a todas horas desde que se publicó la novela y siempre consigue emocionarme.
Los recuerdos son crueles, platos suculentos ante nuestros ojos que no podemos comer: María y yo, muertas de la risa en la buhardilla del Aroi Bierzo, incapaces de conciliar el sueño por culpa de la discomóvil de la fiesta de la Encina; Mario celebrando la apertura de la librería y animándome a decir algo con él; Ale, Raquel, Chris, Astur y yo regresando a Madrid al día siguiente de la inauguración y planeando la obra en un área de servicio… A y yo, un par de diciembres más tarde, en el coche aparcado junto al hotel, muertos de la risa, ya no recuerdo por qué… Las vistas desde mi habitación son una caja de tesoros, un puñado de memoria hechizada, un viaje en el tiempo.


La presentación sale bien y, durante las firmas, una de las chicas adolescentes que han asistido al encuentro me dice con timidez que ha empezado a leer gracias a la novela. Lo dice bajito, como pidiendo disculpas, y no se da cuenta de lo valiente que es y de lo mucho que me emociona.

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