“Decision to Leave”

“Decision to Leave”, Park Chan-wook. 2022.

Fui a ver Decision to Leave.

Eran las cuatro de la tarde y la sala de los Princesa estaba vacía.

Fuera, la luz se debatía contra el peso de plomo del invierno sobre la plaza de los Cubos.

Estaba la película y también podía sentir al otro lado de las paredes del cine las vidas de la gente anónima y silenciosa, cruzando la plaza, esperando a alguien, corriendo para no perder el autobús, la sangre de la ciudad y su corazón bajo aquella luz suave y esperanzadora, y también gélida.

El universo entero e infinito del que aún formamos parte.

Y me pregunté, mientras todo esto pasaba, cuánto tiempo más:

¿Cuánto tiempo más

permanecerá oculto nuestro mundo

bajo la nieve?

“Desde el ojo del huracán”, mi primer ensayo, llegará con la primavera

«Leer bien es aceptar que no existe ninguna certeza y, aun así, aventurarse en un sinfín de viajes emocionantes.»

En abril se cumplirán 18 años de la primera vez que entré en una librería como librera y no como clienta. Para celebrar esta mayoría de edad y gracias a la confianza de Emili Albi, Ariel y el Grupo Planeta, esta primavera se publicará mi primer ensayo, “Desde el ojo del huracán. Una historia íntima de las librerías”.

Nunca había volcado en un texto tanto de mí y nunca un texto me había desafiado tanto. Escribirlo ha sido un reto y, en muchos aspectos, un descubrimiento, pero también un reencuetro con las lecturas que me han marcado en este tiempo y con cada una de las personas extraordinarias que me he cruzado en el camino.

Este libro, que aspira a llamar la atención de quien ama las librerías pero también de quien habitualmente no lee, les pertenece a ellas.

¡Qué ganas de compartir su contenido con vosotros!

Las célebres órdenes de la noche

‘Las célebres órdenes de la noche’, Anselm Kiefer. 1997.

La historia quedará ligada a Las célebres órdenes de la noche. El lienzo, como una palabra secreta, como la llave única de una puerta suspendida en el espacio y en el tiempo, flotando en la silenciosa oscuridad de las galaxias, se convertirá en un salvoconducto. No pasará nada o todo ocurrirá, pero en cualquier caso Las célebres órdenes de la noche es un principio, uno de los muchos comienzos que, sobrevolando a la deriva las estaciones y los años, conforman una vida entera.

¿Cuántas veces podemos volver a empezar?

Tantas como madrigueras de conejo detectemos bajo nuestros pies.

Porque la vida sigue. Es un recodo del río arrullado por el canto monocorde de los insectos. Protegido por la espesura, en él no se detecta la corriente, aunque bajo la superficie en calma las algas y los peces se mecen violentamente sin elección, marionetas de trapo en manos del agua todopoderosa.

Y luego está la muerte.

Pero hoy no quiero pensar en ella.

Sólo quiero dejarme llevar.

Y olvidarme y acordarme de ti a partes iguales. Tú, que estarás conmigo para siempre.

Diez lecturas indispensables de 2022

Este año no he leído tanto como me gustaría. Han pasado demasiadas cosas, pero, eso sí, lo que he podido leer creo que lo he elegido bien y lo he disfrutado mucho.

A continuación os dejo la lista de los diez libros que se van a quedar conmigo para siempre, porque sé que más tarde o más temprano necesitaré volver a perderme entre sus páginas. De menos a más, aquí tenéis mi lista:

10. Para qué sirve la literatura, de Antoine de Compagnon, en Acantilado; un ensayo breve, lúcido y nada pretencioso, que recoge la lección inaugural de Compagnon en su cátedra en el Collège de France. Normalmente este tipo de textos se me caen de las manos porque, a menudo, nadan en la impostura, pero nos encontramos ante una maravillosa excepción.

9. La familia, de Sara Mesa, en Anagrama. La crítica no ha terminado de ponerse de acuerdo con esta novela, pero yo lo tengo claro. Creo que lo que Sara Mesa hace en La familia —como ya hizo en Un amor— es dificilísimo: detecta el malestar común, ese en el que todos, aunque no lo hayamos sufrido directamente, nos reconocemos; y busca el negativo de conceptos tácitamente concebidos como luminosos. Para mí, con esta nueva historia, se mantiene entre las mejores voces del momento.

8. Caso clínico, de Graeme Macrae Burnet, en Impedimenta. La tercera novela de Macrae Burnet traducida al español es, sin duda, la mejor y se mueve entre el suspense del cine de Hitchcock y la extrañeza de los textos formalmente inquietantes. Os dejo AQUÍ el enlace a la reseña que el pasado mayo publiqué en ABC Cultural a propósito de su lectura.

7. Idaho, de Emily Ruskovich, en Literatura Random House. Idaho contiene todas las flaquezas propias de una ópera prima, pero eso contribuye a hacerla más bella. Se trata del relato de un hecho terrible, paradójicamente, a partir de un lenguaje exquisito y poético, y aborda uno de los temas que más me inquietan: el de las madres que matan a sus hijos, presentes también en las recientes Mía es la venganzaLas madres no, también excepcionales.

6. Los chicos de Hidden Valley Road, de Robert Kolker, en Sexto Piso. Este ensayo tiene el enganche de un best seller y nos cuenta una historia tan sorprendente como real: entre 1945 y 1965, Don y Mimi Galvin tienen 12 hijos y 6 terminan diagnosticados de esquizofrenia en una época en que los estudios sobre la enfermedad apenas estaban empezando a ver la luz. Lejos de tratarse de una crónica para lectores especializados en la materia, nos encontramos ante un relato absorbente e impecablemente documentado. Librazo, sin más.

5. Riccardino, de Andrea Camilleri, en Salamandra. El último caso de Salvo Montalbano no fue el último que escribió Camilleri, pero sí el más especial, porque Riccardino no es solo un homenaje al personaje de Montalbano, sino también a la literatura y a la relación entre el autor y sus fabulaciones, a veces fugaces, a veces tan potentes que permanecen junto a él durante décadas y se atreven a sobrevivirle. Clicando AQUÍ podéis ver el documental en el que tuve el honor de participar, explicando junto con gente a la que admiro algunos secretos de la saga literaria y su profundísima huella.

4. Babysitter, de Joyce Carol Oates, en Alfaguara. El último thriller que he leído este año no es un thriller al uso, sino una disección minuciosa del choque entre lo perfecto y lo terrible, y de cómo lo primero siempre está más cerca de lo que pensamos de lo último. Babysitter es el apodo que, a finales de los años 70, la prensa le da a un concienzudo asesino de niños, que se acerca de forma peligrosa al entorno profiláctico de una zona suburbana de clase alta en los Estados Unidos. Carol Oates lleva muchos años mereciéndose el Nobel. Es un hecho.

3. Los abandonos, de Russell Banks, en Sexto Piso. Los abandonos es la mejor novela que he leído este año y Banks, todo un descubrimiento. Si clicáis en el enlace del título, podréis saber más sobre la trama, impecable en forma y contenido, y, como me gustan a mí, llena de sombras e incertidumbre, porque nunca vamos a saber si lo que se nos está contando es verdad. Eso sí, creo que la cubierta engaña. No os dejéis guiar por ella.

2. Los Diarios y cuadernos. 1945 – 1995, de Patricia Highsmith, en Anagrama. Aunque solo sea para ver la evolución de la voz de Highsmith desde los 20 a los 70 años, este libro merece la pena; además ofrece muchas otras cosas: anhelos, vaivenes de la autoestima, descripciones costumbristas y reflexiones profundas y en ocasiones agresivas, sin filtro e impregnadas de la mirada no siempre equilibrada de los genios. Una obra maestra, construida con la lentitud de la erosión lentísima de la naturaleza por una de mis autoras de referencia. Al menos para mí, lectura imperdible.

1. La ciudad de los vivos, de Nicola Lagioia, en Literatura Random House. He escrito mucho sobre La ciudad de los vivos, un libro que perdurará y al que resulta difícil enfrentarse por el peso de sombra que acompaña el suceso que lo protagoniza, pero merece la pena.

Aquí podéis leer el post que publiqué poco después de terminarlo: La ciudad de los vivos.

Y aquí mi artículo en el ABC Cultural.

Si no sabéis que regalaros, esta crónica —y no exagero—, de una forma u otra os marcará.

La mejor literatura posible, curiosamente en la no ficción.

Empiezo a colaborar con El Periódico de España

A partir de ahora, también escribiré sobre crimen en El Periódico de España. Podréis encontrar mis textos en la sección de Cultura del diario. Espero que los disfrutéis.

El primero, un artículo sobre el Cozy Crime, una tendencia al alza:

«Se ha convertido en uno de los géneros más codiciados entre las editoriales y agencias participantes en la reciente Feria del Libro de Frankfurt. Sin embargo, aunque su arraigo literario en el panorama internacional es firme, en España no ha sido hasta estos últimos años cuando el cozy crime, algo así como «el crimen acogedor», ha empezado a ganar adeptos y ha despertado el interés de algunos de los sellos y colecciones de novela negra con más prestigio de nuestro país. Pero ¿puede el crimen ser amable o, por lo menos, ser narrado desde una perspectiva dulcificada y presidida por el sentido del humor?»

Lee el artículo completo, clica AQUÍ.

Susana Martín Gijón: «Echo de menos personajes femeninos más normales»

Susana Martín Gijón fotografiada por José Manuel Romero

Las madres lo guardan todo y la de Susana Martín Gijón (Sevilla, 1981) no es una excepción, así que un día le enseñó a su hija un cuaderno que la escritora, una de las voces más populares de la novela negra actual, no recordaba, aunque era suyo. Lo había utilizado cuando era niña y estaba lleno de palabras. Tal vez en esas páginas de trazos infantiles empezó a gestarse la semilla de Annika Kaunda y Camino Vargas, las protagonistas de sus dos series literarias más conocidas, plagadas de crímenes y misterios… tal vez allí y también en los veranos en Sevilla, donde Martín Gijón, ahora una incansable trabajadora del lenguaje, convencida de que incluso hasta las reseñas más destructivas esconden algo que aprender, arramblaba con la biblioteca de su abuela, en la que inició sin saberlo un viaje que habría de llevarla, en una de sus paradas más dulces, hasta Alfaguara, la editorial de sus tres últimas novelas, que han sido tres éxitos: Progenie, Especie y la más reciente, Planeta.

—¿Por qué es en el género negro donde se siente más cómoda? 

Porque lo conozco desde bien pequeñita. A mi abuela le encantaba Agatha Christie y también Sherlock Holmes, pero sobre todo Agatha. También mi madre se empeñó en que leyéramos y, envolviendo las visitas en juego, nos llevaba todas las semanas a la biblioteca. Siempre nos dio plena libertad para elegir nuestras lecturas. Así fue como me aficioné al género. Primero a la novela detectivesca, de enigma… y luego, algo más tarde, al noir más puro de Chandler o Hammett.

—¿Soñaba ya entonces con ser escritora? 

No, no lo tenía tan claro, aunque siempre me gustó mucho leer y escribir, desde el principio. Sin embargo, hasta los 30 años, que fue cuando acabé mi primera novela, sólo escribí para mí, sin plantearme mostrar mi trabajo al público.

—Si hablamos de su primera novela, hablamos de la oficial de policía Annika Kaunda. 

Eso es. El primer título de la serie es Más que cuerpos.

—¿Cómo surgió el personaje de Annika?

Pocos años después de la crisis de 2008 me quedé en el paro. Entraba en la treintena y me planteé qué quería hacer con mi vida. De las crisis surgen las oportunidades y aproveché mi año de desempleo para escribir una novela. Me lo tomé como un reto. Así nació Annika.

—Y después de Annika, la inspectora Camino Vargas, protagonista indiscutible de Progenie, Especie y Planeta. Con ella, su trayectoria se consolida. ¿Cómo definiría su voz? 

¡Qué difícil es definirse a una misma! Mis historias respetan la estructura del thriller actual —capítulos cortos, mucha acción, texto ligero, relato adictivo— pero, al mismo tiempo, en la línea del género más clásico, contienen un gran poso social. También me gusta mucho bucear en la mente humana, profundizar en la psique de mis personajes.

—Es verdad que cada una de las novelas de la trilogía aborda un tema no sólo socialmente llamativo, sino también muy actual. ¿Cómo los «mezcla» con el crimen y qué herramientas utiliza más allá de los asesinatos para interesar al lector?

La novela negra más tradicional recurre a la violencia o la corrupción. Son comportamientos  inherentes al ser humano y nunca desaparecerán, pero yo prefiero acercarme a otros temas sociales más actuales y menos abordados desde el prisma de la narrativa policiaca. En Progenie son los modelos de familia y los diferentes tipos de maternidad; en Especie, el animalismo, el veganismo, la experimentación con animales y el estado de la industria alimentaria; y en Planeta, el cambio climático.

Luego, de forma transversal, reflexiono sobre otros aspectos de nuestra época, como la influencia y el manejo de las redes sociales, pero los tres temas que le he mencionado, como núcleos respectivos de cada uno de los tres títulos de la trilogía, son mi obsesión y la ficción me permite incorporarlos a la trama, mostrárselos al lector de forma inesperada y estimular la reflexión.

—Tal y como me lo cuenta, imagino que el trabajo previo a la escritura será arduo.

Me documento mucho, aunque no todo lo que leo o reviso acabe apareciendo explícitamente en el texto que escribo; y también busco expertos en las materias que analizo. Así lo hice, por ejemplo, para describir la planta química que aparece en Planeta. Hasta que no domino bien un tema, no empiezo a fabular sobre él. Fabulo solo a partir del conocimiento exhaustivo.

—Y todo esto sin renunciar a la sangre. Basta con leer las primeras páginas de Planeta para preguntarse de dónde saca unos crímenes tan atípicos.

Si le digo que los encuentro en mi mente, ¿suena muy perverso?

—O sea, que los inventa usted… ¿cultiva su imaginación en esa dirección para que «criminalmente hablando» sea cada vez más fértil?

Podría decirse así —ríe—. Paseo, me tumbo en el sofá… y la novela está en marcha en mi cabeza, una gran parte del proceso es interior.

—¿Hasta el punto de concebir la realidad en clave de crimen?

No, no hasta ese punto, aunque sí que es cierto que me fijo en algunas noticias y cosas por el estilo, pero no voy pensando siempre en lo mismo. Solo me pasa cuando estoy en el proceso obsesivo de creación de la novela, inmersa en ella. Esa parte me fascina. La tramas de este tipo exigen eso, son muy complejas y no permiten ningún cabo suelto.

Más normalidad

—Usted que la vive desde dentro, ¿echa algo de menos en la ficción criminal contemporánea?

Vivimos un momento en que se puede encontrar muy buena novela negra no sólo internacional, también española. Me gusta que las editoriales estén apostando por ella, pero lo que sigo encontrando son clichés.

—¿Por ejemplo?

Parece que, con incorporar a la trama una mujer investigadora, el éxito está garantizado y no es así. El resultado de esta tendencia es que, para aprovechar el tirón, están surgiendo muchos personajes femeninos sin pies ni cabeza, carentes de atributos reales y reconocibles. Echo de menos personajes femeninos más normales.

—¿Crees que el noir se ha convertido en esclavo de las modas?

No sé si lo será más que otros géneros, pero está claro que muchos autores se limitan a reproducir lo que ven que funciona y eso priva de frescura y aportaciones nuevas e interesantes al género policiaco.

—¿Todo el mundo se cree que puede escribir novela negra?

Algo tendrá cuando escritores consolidados y con mucho prestigio, que no necesitan ventas para nada, lo intentan también. Sin embargo, para mí no es un género fácil, porque a los elementos y obstáculos habituales presentes en cualquier otro tipo de narrativa hay que añadir el juego del gato y el ratón con el lector. De todas formas, y a pesar de los prejuicios que aún existen, la novela negra, poco a poco, está alcanzando el lugar de prestigio que merece.

Entrevista sobre ‘Las manos tan pequeñas’

Mil gracias a Javier Morales por esta entrevista para El asombrario sobre Las manos tan pequeñas, una de las más interesantes que me han hecho. La foto es de Luis Gaspar, el mejor.

Pinchando AQUÍ o sobre la imagen, podéis leerla completa. A continuación, un fragmento:

«Olivia no es un narrador muy fiable. 

De hecho, la novela se dirige a Gonzalo, pero puede que nada de lo que cuenta sea verdad. Yo quería jugar con el concepto de la verdad y, sobre todo, de la verdad en la literatura, que curiosamente nos sirve para sincerarnos. He dicho cosas más sinceras en «Las manos tan pequeñas» que en persona. El obstáculo mayor para un escritor es ser capaz de ser honesto consigo mismo y de contarlo. Creo que esta es mi mejor novela, porque por primera vez he sido honesta conmigo misma».

Irrelevante

Fotograma de la película ‘La insoportable levedad del ser’ (1987)

F se marcha y yo dormito durante horas, dedicando los ratos que paso despierta a releer El nombre de la rosa y ver en Filmin el documental sobre Kundera. Apenas me muevo de la cama y sueño con los ojos abiertos, todavía incrédula ante el hecho de que acercarme a un hombre y que un hombre se acerque a mí esté resultando, de repente, tan fácil. En la nevera, de nuevo hay provisiones de cerveza bien fría y chocolate negro; la buhardilla está limpia y es la mañana más fresca del verano, así que el sol se cuela por la claraboya y me acaricia la piel desprovisto del peso de las rocas que lo ha acompañado durante la ola de calor.

El teléfono está en silencio.

El edificio, en el corazón de Madrid, prácticamente vacío porque la mayoría de los vecinos están de vacaciones.

Y, en la pantalla de mi ordenador portátil, una jovencísima Juliette Binoche huye de un no menos joven Daniel Day – Lewis en la adaptación cinematográfica de La insoportable levedad del ser.

En los días que seguirán a este, la vida transcurrirá, por fuera, sin novedades importantes. Por dentro, me abriré poco a poco, sometiéndome a todas las metáforas, y aceptaré que esta historia merece mi atención.

Raquel vendrá y nuestro vínculo continuará intacto. A ella le contaré hasta qué punto, en esta ocasión no me siento observadora sino partícipe de la acción; y ella me comprenderá.

Kundera dijo (o escribió) una vez: «sueño con un mundo en el que los escritores, por ley, deban mantener su anonimato».

Me gustaría estar de acuerdo con él, pero, por más que lo intento, creo que no puedo.

Estamos en todas las líneas.

Cada una de las notas de la música que componemos somos nosotros. 

O, al menos, yo soy mi música.

Y todo lo que escribo es una carta que puede leerse en varios idiomas a la vez, que puede leerse a pesar de mí o, si así ha sido, recordando los momentos que hemos compartido y los temas sobre los que hemos hablado.

La magia de la ficción es que se comporta como un espejo y, para que sea buena, conocer al autor no es necesario o innecesario, simplemente debe ser irrelevante, un ingrediente prescindible de la receta perfecta pero que, en caso de incorporarse, influirá sin duda en su sabor.

Incluso cuando quien escribe se empeña en desaparecer, como Pynchon o Salinger, marca su obra, aunque solo sea por el ruido de su maniobra de evasión.

Y da igual que escribamos sobre planetas lejanos y seres y tiempos inimaginables, que no habitaremos nunca… siempre lo hacemos para reconocernos.