Ha pasado un ángel

Siempre hay tiempo para que las cartas salten por los aires. Vivo días de fuego y, sin embargo, nada arde a mi alrededor. Nadie se da cuenta de que me estoy quemando viva. 

La luz de esta primavera que ya es verano se cuela por el escaparate de la librería, donde Ana ha dibujado cómo sería el mundo si el libro fuera la medida de todas las cosas, y yo paso de la euforia a la decepción, porque sé lo que quiero y lo que no van a poder darme. 

Es así como pequeños espejismos que se diluyen rápido salpican este tiempo de combustión. Son estrellas fugaces; un resplandor que se deshace como la arena y me deja vacío entre los dedos. 

He enterrado la verdad y la verdad grita.

Cristina y yo nos despedimos con un abrazo. Ella lleva un top rojo de tirantes, que compramos la tarde del Ginkgo y me hace pensar en la forma misteriosa que tienen algunos objetos de convertirse en símbolos. 

Michi me dice que seré feliz si sigo las reglas del juego.

Hablo con mi madre y le confieso esta sensación de estar haciéndome daño, de obligarme a adoptar ciertas medidas de destrucción. Me sugiere que vaya al médico y yo pienso que, si esto fuera un auténtico diario, escribiría todos los nombres. 

Pero nunca lo haré.

Ha sido una semana extraña.

La Anunciación, de Fra Angelico

Me veo a mí misma deambulando por las salas del Prado, intentando concentrarme en el vídeo sobre el proceso de restauración de La anunciación de Fra Angelico, pensando en el sexo y rodeada por todas partes de civilización occidental; y también me veo la tarde del cumpleaños.

Miramos al suelo: ha pasado un ángel.

Suena música de Bach.

Una vez leí a Schrodinger, que se hizo famoso por el dilema del gato, pero también, entre otras cosas, por escribir un librito muy breve que se llama ¿Qué es la vida?. Intuyo que no lo entendí. En el texto le daba mil vueltas al concepto de entropía, en el que se concentraba la idea fatídica de la muerte al final, como el resultado inexorable de la pérdida completa de energía.

Temo que mis reservas de energía se estén desangrando.

Hoy es domingo y he dormido hasta las ocho, porque me he sentido herida en mis escasos intervalos de lucidez. Será que no he tenido lo que esperaba… será que todavía es pronto para conformarse con una pasión tibia, donde el deseo carece de la fuerza suficiente para imponerse a la agenda.

Siempre pensé que haríamos locuras… y no fue así, pero ha sido bonito de otra manera, por eso creo que merece la pena salvarlo.

Mañana viajo a Oslo

Escribiré desde allí.

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