Mis diez lecturas indispensables de 2025

La tradición se mantiene: aquí estoy para compartir con vosotros mis diez lecturas favoritas del año. Como siempre, en el número uno mi lectura «más favorita», si la expresión es correcta (que me temo que no). Pero antes de pasar a la lista, no quiero dejar de recomendaros los títulos que algunos amigos han publicado a lo largo de este 2025 y con los que he disfrutado un montón: Las lecturas de Muerte privada, de Juan Carlos Galindo, Los crímenes del Retiro, de Pedro Herrasti, Las fuerzas contrarias, de Lorenzo Silva, y El espía, de Jorge Díaz, me han regalado horas de evasión absoluta del mundo y goce de cuatro excepcionales misterios; y El paracaidista, de Ana Campoy, llena de poesía y supervivencia, me ha confirmado lo que ya intuía: que la trayectoria de Ana en la novela para adultos promete ser tan larga y enriquecedora como la ya recorrida por la autora en el terreno de la infantil y juvenil.

Escrito esto, vamos allá, del diez al uno.

10. Amiga mía, de Raquel Congosto, en Blackie Books, y El accidente, de Blanca Lacasa, en Libros del Asteroide. No me llaméis tramposa por empezar no con uno sino con dos títulos. El motivo de agruparlos es que me parecen una excelente muestra de la consolidación de un nuevo (nada es nuevo, ya lo sabemos) género: el del libro -y digo libro y no texto- pequeño. Las dimensiones reducidas en la edición están de moda y solo algunos contenidos y planteamientos muy definidos, tanto en el ensayo como en la novela, cuadran con el formato y, combinados con él, le regalan a la librería y al lector pequeños grandes éxitos. Lacasa escribe sobre una no relación que a todos nos ha ocurrido y Congosto abre el camino a un tema sobre el que ahora surgen títulos como champiñones, la amistad perdida.

9. Una mujer a quien amar, de Theodor Kallifatides, en Galaxia Gutenberg. Hay muchas cosas que no me han gustado en este libro. Entre ellas, que lo que se supone que es la historia de Olga, la amiga perdida a causa de la enfermedad, es, en realidad y sobre todo, la historia de Kallifatides. Superado este pequeño bache, Una mujer a quien amar encierra unos cuantos y muy valiosos momentos de lucidez narrativa, hallazgos sobre la vida de cualquiera de nosotros, a los que el autor llega en su ininterrumpida reflexión sobre la cercanía de la muerte, los afectos que cincelan nuestra memoria y la sostienen, y la misma literatura. Creo que «hay» que leer a Kallifatides más allá de nuestro interés por su biografía, que constituye el centro de su obra. Hay que leerlo porque es una voz ineludible y con derecho del panorama literario actual.

8. El misterio de la mujer tatuada, de Akimitsu Takagi, en Salamandra. Escrito poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, El misterio de la mujer tatuada nos traslada a la complejísima sociedad japonesa que quedó después del conflicto, prácticamente ocupada por los estadounidenses y sumida en una profunda crisis de identidad, para proponernos un enigma de estructura clásica y con descuartizamiento incluido que, al menos a mí, me sorprendió al final. Amantes de Matsumoto o Kirino, lectura infalible para vosotros.

7. El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov, en Impedimenta. El libro más personal de Gospodínov relata el último mes de vida de su padre de una manera emocionante y sorprendentemente luminosa. Una muy buena amiga editora me dijo hace poco y con razón que el adjetivo «luminoso/a» se emplea últimamente para todo y está perdiendo fuerza. De acuerdo con ella, pero en este caso no me resisto a utilizarlo. Leed a Gospodínov y lo comprenderéis.

6. Fantástica historia de amor, de Sophie Divry, en Nórdica. Amor, suspense, ciencia y un poco de fantasía. Sé que a muchos el delirio de Sophie Divry no os ha convencido, pero yo no pude soltarlo hasta el final. Me interesa la idea de cómo, de un día para otro, dos vidas grises pueden convertirse en apasionadas e intensas, protagonistas de la aventura; la idea de que la soledad, si no es elegida, no tiene por que ser una cadena perpetua… el hecho de que poco o nada sabemos de la materia del universo y su influencia sobre nuestras vidas. En definitiva, me interesa esta historia en la que una misteriosa muerte en una compactadora une a un hombre y una mujer que, casi sin saberlo, ya se conocían.

5. A cuatro patas, de Miranda July, en Literatura Random House. Sin duda, mi lectura del verano. Detecto, mientras hago repaso de mis favoritos, que mi tendencia es al exceso, al -repito la palabra- «delirio» absoluto, que es exactamente lo que es A cuatro patas. Una mujer en los cuarenta se propone cruzar en coche, de Los Ángeles a Nueva York, los Estados Unidos, pero algo le sucede y se sorprende agotando sus vacaciones a escasos veinte kilómetros del punto de partida. El qué no os lo voy a descubrir, porque es un placer averiguarlo pasando las páginas de esta excepcional novela.

4. Audición, de Katie Kitamura, en Sexto Piso. Todo parece normal en esta novela cortísima, donde nos colamos en la vida privada de una famosa actriz de teatro, hasta que pasamos la página y leemos «Segunda parte». A partir de ese momento, la trama salta por los aires y el lector cae al vacío sin red. Siempre me ha gustado Kitamura, creo que ya la incluí en una lista anterior, hace un par de años, con Intimidades. Audición es su novela más experimental. Que nadie espere un desenlace claro, una moraleja o uno de esos cierres que confirman nuestra idea de la historia. El texto es, afortunadamente, demasiado arriesgado para eso.

3. Vida mía, de Dacia Maraini, en Altamarea. Cuando era una niña, Dacia Maraini estuvo encerrada con sus padres y sus hermanas en un campo de concentración japonés, una vivencia que habría de marcar para siempre su obra. Han hecho falta más de ochenta años para que la escritora italiana, uno de las voces más importantes y emblemáticas de la literatura del siglo XX, adelantada a su tiempo, se haya decidido a recuperar explícitamente sus recuerdos de aquella época en la que chocaron la tristeza y la desesperación del encierro contra el amor por un país y una cultura, la japonesa, que sigue manteniendo con vida. Imprescindible.

2. Cuentos, de Ray Bradbury, en Páginas de Espuma. Desde que hace ya un par de décadas leí El zen en el arte de escribir, Bradbury es uno de mis escritores de referencia y reencontrarme con él en esta magnífica edición de Paul Viejo para Páginas de Espuma ha sido de lo mejor que me ha ocurrido en los últimos doce meses. 316 relatos escogidos de manera impecable, entre los que se encuentran los clásicos de Crónicas marcianas y otros menos populares, incluso inéditos hasta la fecha. Bradbury se viajó a Marte con la imaginación para hablarnos como nadie de nuestra esencia. Disfrazó de extraterrestre lo humano y recuperó la infancia para situarla en el centro de su narrativa, como el periodo vital más importante, aquel en el que nos formamos como individuo y nos enfrentamos por primera vez a la magia, los afectos y el miedo. Pocos regalos mejores se me ocurren para los lectoras y los lectores más exigentes. Es un acierto seguro.

1. Posesión, de A. S. Byatt, en Anagrama. Premio Booker en los años noventa, por fin podemos disfruar de nuevo de la extraordinaria Posesión. Mi mejor lectura del año, con la que más me he sorprendido. El inquietante embrujo que el poeta muerto Randolph Henry Ash ejerce sobre los estudiosos universitarios de su obra y la intrigante trama, a caballo entre el presente de los protagonistas de la obra y el pasado del poeta, que se destapa cuando, casi por casualidad, aparecen unas notas que revelan una sombra y también una pasión en la templada trayectoria de Ash.

Pericia narrativa aparte, el salto mortal de Byatt multiplica su dificultad cuando descubrimos que Ash también es producto de su imaginación, que su obra poética es también de la escritora y que, espejo tras espejo tras espejo, la complejidad literaria de la novela la convierte en compañera de lo mejor de McEwan o Hollinghurst, porque entrar en Posesión es, literalmente, sumergirse en un universo paralelo, complejísimo y perturbador.

Los libros de ‘La ventana del verano’ 2025

Todas vuestras.

A cuatro patas, de Miranda July, en Literatura Random House: Sin duda, uno de los libros del verano. Todo en él es exceso pero, por encima de cualquier consideración, se trata de un excelente ejercicio imaginativo, que nos hará reír y nos dará para horas y horas de charla.

Amiga mía, de Raquel Congosto, en Blackie Books: Una magnifica primera novela, cargada de verdad, que cuenta el fin de una amistad a priori irrompible y cómo la vida sigue después de esa ruptura. Una historia transparente y que nos mantendrá en vilo hasta el final.

El accidente, de Blanca Lacasa, en Libros del Asteroide: ¿Podemos considerar «accidentes» algunas relaciones personales? Esta es la historia de una y, lo más interesante, una tan común que seguro que a muchos lectores les sonará.

Imposible decir adiós, de Han Kang, en Random House:  Traducción más reciente de la Nobel de Literatura coreana y, para mí, sin duda su mejor novela.

Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Monoanónimo chino, en Siruela: Uno de los cuatro libros fundamentales de la producción clásica china, en el que muchos dicen que está inspirado el famoso manga Dragon Ball.

La huella del crimende Raúl Waleis, en Adriana Hidalgo: Este rescate editorial es todo un hallazgo, publicada en 1877, la novela de Waleis, anterior a los crímenes reales de Jack el Destripador o a las crónicas de Pérez Galdós sobre el crimen de la madrileña calle Fuencarral, es casi seguro la primera novela policiaca escrita en español.

Fantástica historia de amorde Sophie Divry, en Nórdica: Dos situaciones y dos personajes inicialmente anodinos se convierten el el germen de una historia alucinante, que, sin ser un thriller, recurre a sus reglas para engancharnos sin remedio. 

Invernal, de Dario Voltolini, en Asteroide: una novela breve, pausada y poética sobre el declive de un padre a ojos de su hijo, a partir de un hecho terrible.

Trizasde Carlos Zanón, en Espasa Poesía: Zanón, en los últimos años más conocido por su literatura negra —Taxí, Love Song— lleva publicando poesía desde 1989 y con este poemario, canalla y lleno de sentimiento, nos demuestra que también en ese ámbito merece nuestra atención.

Asesinato en el Lago de Garda, de Tom Hindle, en Ático de los Libros: Cozy crime perfecto para el verano —el relato de un crimen en una boda de la alta sociedad—, que mezcla las técnicas clásicas de Agatha Christie con el desarrollo tecnológico de nuestra época.

¡Oh, Susana!de Manuel Ocaña, en Plasson e Bartleboom: Una peculiar novela (que se define a sí misma como «novela técnica»), basada en un hecho real, sobre un también peculiar desarrollo de proyecto arquitectónico. Todo en este libro llama la atención, incluida su edición, llena de «saltos» y música.

El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov, en Impedimenta: El libro más personal de Gospodínov, que relata el último mes de vida de su padre de una manera emocionante y sorprendentemente luminosa.

Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina, de Illan Pappé, en Capitan Swing: Síntesis indispensable para todo el que quiera comprender el porqué y el desde cuándo de todo lo terrible que está ocurriendo. Pappé es uno de los intelectuales que mejor conoce y, sobre todo, que mejor explica esta historia.

El arte de la conversación literaria, de Raquel F. Cobo, en Barlin Libros: Un ensayo breve, tanto en extensión como en dimensiones de la edición, que devuelve la importancia a la conversación como forma literaria original, anterior a cualquier otra, y como herramienta para llegar al otro y afianzar los afectos. Maravilloso.

Refugio, de Eva Morell, en Debate: Aire fresco. Eva Morell, autora de la exitosa newsletter El Club de la Cabaña, convierte la cabaña en el centro de un curioso recorrido por la historia y el desarrollo individual: de las cabañas de nuestra infancia a los refugios de los escritores, pasando por las cabañas del futuro… un texto sobre naturaleza y desconexión que merece mucho la pena.

Un momento de ternura y de piedad, de Irene Cuevas, en Reservoir Books: Una ópera prima cargada de potencial, sobre amor, familia y crimen. La historia de una joven asesina de ancianas centrada tanto en los asesinatos como en la vida privada de la mano ejecutora, que se verá en un aprieto cuando un encargo de «trabajo» se convierta en otra cosa.

El asesinato de los Aosawa, de Riku Onda, en Salamandra: La novela revisa el impacto en la ciudad de K de un asesinato múltiple no del todo resuelto, el cometido por envenenamiento en la celebración de cumpleaños de la familia Aosawa: 17 muertos y solo dos supervivientes que, tiempo después de la tragedia, recrean junto con otros miembros destacados de la sociedad de aquel momento los detalles y sombras de la carnicería, en busca de una conclusión más satisfactoria que la que se dio al cerrar el caso. Ahora que la ficción criminal japonesa está de moda más que nunca, este es un título perfecto para empezar a conocerla.

Mi perdición, de Alfred Hayes, en La Bestia Equilátera: Escrita a finales de los 60, Mi perdición es uno de los títulos más representativos de Hayes, nombre indispensable si hablamos de la novela negra estadounidense (aunque Hayes nació en Inglaterra, se crió en Nueva York), sobre todo de la novela negra orientada a lo sentimental. En esta historia se cuenta la deriva de un hombre que, huyendo de Los Ángeles para olvidar un amor, acaba en Nueva York para caer en una trampa.

Orbital, de Samantha Harvey, Premio Booker 2024, en Anagrama: Una novela de ciencia ficción, que describe como es la vida cotidiana de seis astronautas en la Estación Espacial Internacional. El libro tiene tanto fanáticos rendidos ante él como detractores extremos, pero yo creo que merece la pena leerlo, porque hasta el ritmo nos lleva a imaginar la vida en el espacio.

El misterio de la tercera millade Colin Dexter, en Siruela. Esta novela forma parte de la serie literaria protagonizada por Endeavour Morse, al que todos conocemos gracias a la serie en Filmin. Creado originalmente como personaje literario por Colin Dexter, las novelas son un germen muy digno del producto audiovisual, nos transportan a Oxford y nos enganchan con tramas como esta: varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial, alguien decide vengarse de un acto cobarde en el campo de batalla y un catedrático universitario desaparece sin dejar rastro. ¿Serán las cosas lo que parecen?

Mis diez lecturas indispensables de 2024

Me dispongo a cumplir con lo que para mí ya se está convirtiendo en tradición: compartir con vosotros mis diez lecturas favoritas de 2024 —no necesariamente publicadas en este año— Lo hice en 2022 y también en 2023, así que allá vamos. Es importante señalar que esta vez incluyo en una sola lista ficción y ensayo, y también mencionar un título que, aunque dejo fuera porque lo que he hecho ha sido releerlo, me parece importante destacar. Se trata de El largo adiós, de Raymond Chandler, una obra maestra, cuya relectura me ha hecho valorar por contraste la calidad de la ficción criminal actual —esto da para un debate largo que espero poder compartir por aquí y que hemos abordado ya en El Laboratorio del Crimen.

Pero vamos allá. Con mi favorito al final, aquí están los diez que más he disfrutado este año:

10. La mujer fugitiva, de Alicia Giménez Bartlett, en Destino. La entrega número 13 de las intrigas de Petra Delicado es sin duda una de las mejores de esta serie literaria. Junto a las novelas protagonizadas por el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, la obra de Giménez Bartlett lidera la historia del género negro español. En esta ocasión, Petra y Fermín, su mano derecha, siguen el rastro de una misteriosa mujer relacionada con un crimen cometido en una foodtruck. Una prueba flagrante de cómo la buena literatura policiaca es mucho más que el relato de un crimen.

9. La península de las casas vacías, de David Uclés, en Siruela; un libro atípico y extraordinario, que utiliza el realismo mágico para adentrarse en los años de la Guerra Civil desde un curioso escenario, el pueblo de imaginario de Jándula. La península de las casas vacías es sin duda una excepción dentro de un nicho creativo muy agostado, el del conflicto bélico. Es diferente en su modo de narrarlo, literaria, maravillosa, y el autor, sorprendentemente joven para el nivel del texto que ha escrito, tiene una voz que ha llegado para quedarse.

8. El volumen del tiempo I, de Solvej Balle, en Anagrama. Esta curiosísima novela de la danesa Solvej Balle la primera de un proyecto de siete, utiliza la ciencia ficción —una mujer queda atrapada en un mismo día, que se repite una y otra vez— para reflexionar sobre la mella de los pequeños detalles y acciones de la vida cotidiana con una asombrosa lucidez.

7. Brazilian Psycho, de Joe Thomas, en Salamandra. La ambición de Brazilian Psycho, que por lo arriesgada podría resultar fallida, se cumple con creces. Nos encontramos ante una novela que cuenta un país entero a partir de una sorprendente estructura y un elenco integrado por decenas de personajes; voces que se mezclan para construir en paralelo el relato de una serie de crímenes salvajes y una historia de corrupción real. De Lula a Bolsonaro, de la favela Paraisópolis al próspero Morumbi, de la escena de un crimen en el parque a los despachos en las plantas más altas de los edificios donde se alojan las grandes corporaciones internacionales que mueven los hilos… un viaje sinuoso, porque la forma del texto cambia sin darnos respiro, e inolvidable, capaz de captar a la vez belleza y desesperación.

6. El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu, en Ediciones B. Vi la serie primero, lo confieso, y solo sirvió para estimular mi curiosidad por el libro que abre la trilogía. Me lo compré una mañana de verano, tempranísimo, en La Casa del Libro de Gran Vía, que acababa de abrir (en la librería en ese momento no lo teníamos y tenía tantas ganas de leerlo que no esperé, ejemplo fatal); y no me decepcionó. El derroche de imaginación de Cixin Liu es un homenaje a la literatura como fuente de asombro y disfrute, mucho más allá de las fronteras que erróneamente le imponemos a la ciencia ficción. ¿Qué pasaría si una civilización extraterrestre anunciara su llegada a la tierra, expulsada de su planeta por lo caótico de su galaxia? No cuento más.

5. Sopa de miso, de Ryu Murakami, en Malas Tierras. Duro, adictivo y con el brillo del neón, como la acertadísima cubierta de esta recuperación de Malas Tierras. Escrita a finales de los noventa e inicialmente publicada por entregas en la prensa japonesa, Sopa de miso es, sin más, una gran novela, que alterna la agresividad del thriller con un afilado tono poético y no se conforma con el relato, sino que lo utiliza para retratar con pericia el Japón contemporáneo, todavía lastrado por su historia común con los Estados Unidos. Cruento, deslumbrante e imperdible: un joven guía turístico de los barrios más canallas de Tokio, sospecha que su cliente, que noche tras noche contrata sus servicios, es un asesino en serie…

4. Los escorpiones, de Sara Barquinero, en Lumen. Me arrepiento de no haberlo leído antes. Este libro larguísimo, que empieza con el plantón que le da a una de sus protagonistas su match de Tinder y utiliza la anécdota para sumergirnos en un inframundo que gira alrededor de la música y el suicidio, es una novela de novelas y me mantuvo en vilo hasta el final. Al revés de lo que he leído en algunas críticas, me pareció el resultado de un gran esfuerzo literario carente de impostura. Creo que Sara Barquinero ha conseguido con su novela lo que muchos no pasan de pretender.

3. La escritura como un cuchillo, de Annie Ernaux, en Cabaret Voltaire. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con un ensayo sobre literatura y sobre cómo y por qué escribir. Anteriores a la concesión del Nobel, los correos electrónicos que Annie Ernaux aceptó intercambiar con Frédéric-Yves Jeannet durante aproximadamente un año, para profundizar en las luces y las sombras de su escritura son un tesoro. La literatura entendida como exploración pero también, según el grado de inmediatez de la escritura y su capacidad de registro, como gozo, o la importancia del origen de la voz que cuenta para dignificar el objeto del relato… todos los temas de esta correspondencia son interesantes y abordados desde la honestidad y no desde la pedantería o la distancia en las que resulta tan tentador atrincherarse cuando ya se ha alcanzado el éxito.

2. Los guapos, de Esther García Llovet, en Anagrama. Sin duda, LO MEJOR de su autora, una voz diferente dentro del panorama español más actual, con una capacidad de mirar el mundo desde un lugar desconocido, lleno de humor y ternura, y de la fugacidad de las estrellas. Una mañana, en un camping del Saler, en Valencia, amanecen con unos extraños y ochenteros crop circles en los arrozales vecinos. A partir de esta insólita premisa, García Llovet nos cuenta una historia breve y precisa, que se construye a través de los perfiles inolvidables de sus personajes.

1. El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza, en Random. Premio Pulitzer de Memorias 2024: La crónica de los últimos años y el asesinato de Liliana Rivera Garza contada por su hermana, que asume el doble papel de autora y víctima colateral de la violencia machista. Un testimonio imprescindible, tanto por su valor literario como por el que tiene de denuncia y ejercicio de reconstrucción de la personalidad y la vida de Liliana a partir de las pequeñas cosas y los amigos que la acompañaron y han permanecido después de ella. El invencible verano de Liliana me emocionó e interesó a partes iguales porque, sin renunciar al componente del afecto (de hecho, más bien enfrentándose a él como si se tratara de un fantasma al que superar al final del duelo), Rivera Garza trasciende la historia concreta gracias a la forma que tiene de contarla, una exploración literaria muy reveladora, que mezcla registros, puntos de vista y fragmentos de vida, a menudo cristalizados en objetos pequeños y cotidianos.

El sexto episodio piloto: ‘La frontera’

Podéis escucharlo en el audio a continuación:

O, si lo preferís, en Spotify, clicando AQUÍ.

Existen muchos tipos de frontera: las impuestas por los estados y los otros, y también las que trazamos para nosotros mismos; las espaciales, responsables de los mapas y las guerras, y las temporales, que dibujan nuestras vidas como si llevaran escritas mucho tiempo antes incluso de empezar.

El episodio piloto de la semana está dedicado a todas ellas, pero principalmente a dos: nuestro límite interior y la línea que, como un destino, separa la jubilación del resto de nuestra existencia.

Espero que os parezcan interesantes las lecturas recomendadas al hilo de esta reflexión y, como siempre, os leo en comentarios

Si os ha gustado y queréis escuchar los episodios anteriores, los tenéis todos en el enlace que os dejo a continuación:

ENLACE A TODOS LOS EPISODIOS

*En esta ocasión, la música de fondo es hand-print-166102.

Los libros de ‘La ventana del verano’ 2024

Creo que una de las mejores cosas del verano, para mí, es volver a la radio. Desde el pasado lunes 15 de julio y hasta ayer, lunes 26 de agosto, de 18:00 a 19:00 horas, nos hemos encontrado dentro de La Ventana de los Libros, la hora que La Ventana del Verano, en la SER, dedica a la literatura. En este post, incluyo las lecturas recomendadas semana a semana y el enlace a algunos audios. Si os hacéis con alguna y queréis decirme qué os ha parecido, espero vuestros comentarios por aquí.

Disfrutadlas mucho.

—Camila CAÑEQUE. La última frase. La uña rota: el editor del libro póstumo de Camila Cañeque nos acompañó durante el programa. AQUí podéis escuchar el audio.

—Hideo YOKOYAMA. La luz del norte. Salamandra: Yokoyama, uno de los escritores japoneses vivos más populares y prestigiosos a la vez, es autor de la emblemática Seis Cuatro, pero en este nuevo título cambia por completo de registro y nos cuenta lo que es casi una fábula. Un arquitecto mediocre recibe por parte de una familia un curioso encargo: que construya la casa en la que a él le hubiera gustado vivir. Él acepta y la casa inmediatamente se vuelve famosa y lo vuelve famoso a él, pero al mismo tiempo la familia que se la había encargado desaparece sin dejar rastro.

—Siri HUSTVEDT. El mundo deslumbrante. Seix Barral: esta novela, una de las más importantes en la bibliografía de Hustvedt, llevaba casi una década descatalogada y por fin este año la ha recuperado Seix Barral. Cuenta la historia de Harriet Burden, una controvertida artista que, en su juventud y para denunciar el machismo imperante también en el mundo del arte, presenta su obra adjudicándosela a tres artistas masculinos. La novela no solo es magnífica por la trama, sino también por el profundo conocimiento de Hustvedt del mundo del arte. Sus reflexiones son muy valiosas.

—Annie ERNAUX. La escritura como un cuchillo. Cabaret Voltaire: este ensayo sobre la forma que tiene Ernaux de entender la escritura es el resultado del intercambio de correos electrónicos entre la autora y el periodista y también escritor Frédéric-Yves Jeannet. La correspondencia es fresca, nada densa y aporta un buen puñado de reflexiones interesantes acerca de la literatura, su esencia y su utilidad, sobre el hecho de la necesidad de la ficción y las historias. Es maravilloso.

Escucha el podcast AQUÍ.

—Cristina RIVERA GARZA. El invencible verano de Liliana. Random House. Premio Pulitzer de Memorias 2024: La crónica de los últimos años y el asesinato de Liliana Rivera Garza contada por su hermana, que asume el doble papel de autora y víctima colateral de la violencia machista. Un testimonio imprescindible, tanto por su valor literario como por el que tiene de denuncia y ejercicio de reconstrucción de la personalidad y la vida de Liliana a partir de las pequeñas cosas y los amigos que la acompañaron y han permanecido después de ella.

—Francis ILES. Sospecha. Who: la recuperación de este título, fundamental en el suspense más clásico, adaptado por Hitchcock, nos sirve para recomendar el sello editorial, que está haciendo un excelente trabajo rescatando títulos emblemáticos de los años 30, 40 y 50.

—Terry HAYES. El año de la langosta. Planeta: la novela de espías, ahora, se ubica en territorios y conflictos nuevos, y nadie mejor que Terry Hayes y su nueva novela para ilustrarlos y mantenernos bien entretenidos este verano o cuando más lo necesitemos.

—David UCLÉS, La península de las casas vacías. Siruela: un libro atípico y extraordinario, que utiliza el realismo mágico para adentrarse en los años de la Guerra Civil desde un curioso escenario, el pueblo de imaginario de Jándula. La península de las casas vacías es sin duda una excepción dentro de un nicho creativo muy agostado, el del conflicto bélico. Es diferente en su modo de narrarlo, literaria, maravillosa, y el autor, sorprendentemente joven para el nivel del texto que ha escrito, tiene una voz que ha llegado para quedarse.

—Jorge BUSTOS, Casi. Libros del Asteroide: CASI son las siglas del Centro de Acogida San Isidro, el refugio para gente sin hogar más antiguo y grande de España y el epicentro de esta breve crónica que viaja, sin salir del país, a uno de los lugares que la mayoría de nosotros preferimos considerar invisibles, el del sinhogarismo y quienes lo habitan. 

—Javier TRAITÉ y Consuelo SANZ DE BREMOND, El olor en la Edad Media. Ático de los Libros: ¿De verdad en la Edad Media olía tan mal como nos han contado? He aquí un ensayo sorprendentemente ameno y desmitificador, que nos lleva desde el ocaso de Roma hasta el siglo XV siguiendo la curiosa estela de la higiene; uno de los libros de no ficción que más hemos vendido este año en Cervantes y compañía.

—Esther GARCÍA LLOVET, Los guapos. Anagrama: Esther nos visitó en el estudio. Podéis escuchar la entrevista completa sobre Los guapos y muchas otras cosas relacionadas con la literatura pinchando AQUÍ.

—Stephen KING, 22/11/63. Debolsillo: este año se cumplen cincuenta años de la publicación de Carrie, la primera novela del autor, un buen motivo para recomendarlo de nuevo. Capaz de legitimar un género a veces tan poco considerado como el terror y el relato fantástico, una de las mejores muestras de ese logro es 22/11/63, donde el viaje en el tiempo se convierte en la excusa perfecta para uno de los repasos y análisis más interesantes del asesinato de JFK y su contexto, y demuestra que Stephen King es uno de los mejores autores vivos con los que cuenta nuestro panorama literario actual, merecedor incluso del Nobel.

—Alicia GIMÉNEZ BARTLETT, La mujer fugitiva. Destino: la entrega número 13 de las intrigas de Petra Delicado es sin duda una de las mejores de esta serie literaria. Junto a las novelas protagonizadas por el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, la obra de Giménez Bartlett lidera la historia del género negro español. En esta ocasión, Petra y Fermín, su mano derecha, siguen el rastro de una misteriosa mujer relacionada con un crimen cometido en una foodtruck. Una prueba flagrante de cómo la buena literatura policiaca es mucho más que el relato de un crimen.

—J. M. COETZEE, El vigilante de sala. Publicaciones de El Museo Del Prado: relato escrito por el Nobel en el marco del programa de residencia para escritores ‘Escribir el Prado’. Se trata de una brevísima e inquietante historia sobre un vigilante de sala del museo y una misteriosa visitante que se pasa las horas muertas delante de las pinturas De Goya. El texto juega con el punto de vista de los personajes y la importancia del arte como espejo y vehículo de interpretación, no siempre certero, del alma humana. Una pequeña y curiosa joya que el museo nos ofrece traducida y también en su versión original, todo en el mismo volumen.

Escucha el podcast AQUÍ.

—Michael J. SANDEL, Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética. Endebate: un brevísimo ensayo del filósofo estadounidense —Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales y autor de Justicia— en el que los dilemas éticos y morales se plantean a partir de la cada vez más factible manipulación de la naturaleza por parte del ser humano: ¿Qué ocurrirá cuado podamos clonar seres humanos? ¿Y qué ocurre ya con la posibilidad de utilizar los avances genéticos para mejorar nuestras capacidades físicas e intelectuales? Brillante, accesible y necesario, porque pone al alcance de todos un tema que de entrada nos puede parecer demasiado técnico.

—Amor TOWLES. Mesa para dos. Salamandra: el 12 de septiembre vuelve a librerías el autor de la aclamada Un caballero en Moscú y lo hace con este excepcional libro de relatos, ideal para descubrir su literatura, si aún no lo hemos hecho, como era mi caso, o regresar a ella, si ya la habíamos disfrutado antes. En la línea de Richard Ford o Jonathan Franzen, Towles convierte al ser humano en un territorio inmenso, alucinante e increíble para explorar.

—Solvej BALLE, Sobre el cálculo del volumen I. Anagrama: también en las próximas semanas sale a la venta esta curiosísima novela de la danesa Solvej Balle, que utiliza la ciencia ficción -una mujer queda atrapada en un mismo día, que se repite una y otra vez- para reflexionar sobre la mella de los pequeños detalles y acciones de la vida cotidiana con una asombrosa lucidez.

Mis cinco lecturas favoritas de este invierno

Es sábado por la tarde y en Valencia ha hecho un día de sol. Ya es primavera y esta mañana, siguiendo los sabios consejos de mi hermana, he empezado a leer Blackwater, que no sé si me enganchará, ya lo veremos. Lo que sí tengo claro es cuáles han sido mis lecturas favoritas de este invierno (no todas son novedad, pero ha sido en estos meses cuando han caído en mis manos, es un hecho). De menos a más, las reseño brevemente a continuación.

5. Amistad para adultos, de Nao-Cola Yamazaki, en Shiro Libros. Los tres relatos de este librito brevísimo pero de una belleza excepcional, sobre todo los dos últimos, llegaron a mis manos por recomendación de María Felices, mi compañera en Cervantes y compañía, que conoce mis gustos literarios casi casi mejor que yo. Los cuentos de Nao-Cola Yamazaki abordan las relaciones humanas de nuestro tiempo con una sencillez y una elegancia poco corrientes, miran el mundo y nos sorprenden, hablan de nosotros y, sobre todo, describen Tokio y sus dinámicas sin recurrir a los tópicos ni las sombras.

4. Los reyes de la casa, de Delphine de Vigan, en Anagrama. La incursión en el Thriller de Delphine de Vigan, que me llevé a casa gracias a una de las sesiones del ciclo sobre historia de la novela negra francesa que celebramos mensualmente en la Biblioteca Eugenio Trías, no decepciona, algo que suele suceder cuando autores no habituales del género deciden abrazarlo y caen en la trampa de la condescendencia. Afortunadamente no es el caso. La desaparición de Kimmy, la hija pequeña de una influencer multimillonaria, es el punto de partida de una investigación cuyas causas y consecuencias nos llevan desde el hoy hasta un futuro cercano para invitarnos a reflexionar sobre el valor de la intimidad, el uso que hacemos del progreso y cómo proteger (o no) de la exposición mediática a los más pequeños.

3. La escritura como un cuchillo, de Annie Ernaux, en Cabaret Voltaire. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con un ensayo sobre literatura y sobre cómo y por qué escribir. Anteriores a la concesión del Nobel, los correos electrónicos que Annie Ernaux aceptó intercambiar con Frédéric-Yves Jeannet durante aproximadamente un año, para profundizar en las luces y las sombras de su escritura son un tesoro. La literatura entendida como exploración pero también, según el grado de inmediatez de la escritura y su capacidad de registro, como gozo, o la importancia del origen de la voz que cuenta para dignificar el objeto del relato… todos los temas de esta correspondencia son interesantes y abordados desde la honestidad y no desde la pedantería o la distancia en las que resulta tan tentador atrincherarse cuando ya se ha alcanzado el éxito.

2. La mujer fugitiva, de Alicia Giménez Bartlett, en Destino. Cada vez con más frecuencia se nos olvida que para escribir una buena novela negra no es suficiente con contar la historia de un crimen. Más bien al revés, el crimen debe ser solo el principio. De esta afirmación La mujer fugitiva, la aventura numero trece de Petra Delicado y Fermín Garzón, es un excelente ejemplo. Me explico con más detalle en la reseña publicada en ABC Cultural.

1. Brazilian Psycho, de Joe Thomas, en Salamandra. La ambición de Brazilian Psycho, que por lo arriesgada podría resultar fallida, se cumple con creces. Nos encontramos ante una novela que cuenta un país entero a partir de una sorprendente estructura y un elenco integrado por decenas de personajes; voces que se mezclan para construir en paralelo el relato de una serie de crímenes salvajes y una historia de corrupción real. De Lula a Bolsonaro, de la favela Paraisópolis al próspero Morumbi, de la escena de un crimen en el parque a los despachos en las plantas más altas de los edificios donde se alojan las grandes corporaciones internacionales que mueven los hilos… un viaje sinuoso, porque la forma del texto cambia sin darnos respiro, e inolvidable, capaz de captar a la vez belleza y desesperación.

Mis cinco ensayos indispensables de 2023 (y dos ‘bonus track’)

Lo prometido es deuda y los trayectos dan para mucho. Aquí van mis cinco ensayos favoritos de este 2023 que cada vez está más cerca del final. De menor a mayor disfrute, espero que os apetezca echarles un vistazo y, por qué no, perderos entre sus páginas. Yo lo hice y mereció la pena.

5. China, de Michael Wood, en Ático de los Libros. Hace un par de veranos, sin ninguna prisa pero saboreándolo a tope, leí Sueño en el pabellón rojo (el equivalente chino en importancia a nuestro Quijote). Desde entonces, por circunstancias de la vida, mi interés por China ha ido en aumento y, a través de diversas fuentes, la historia del «imperio del centro» me fue rodeando casi casi sin que me diera cuenta. Así que, cuando esta primavera Ático de los Libros —una de las mejores editoriales de ensayo histórico que conozco— publicó este magnífico texto de Michael Wood, que recorre la historia de China desde el principio de los tiempos, no me lo pensé dos veces y me hice con él. Decepción: cero. Leerlo es una maravilla.

4. El espacio de la imaginación, de Ian McEwan, en Anagrama. ¿Debe la escritura ser permeable a la realidad para tomar partido y ponerse a su servicio? ¿Convertirse en un arma que, desde el neblinoso mundo de la ficción y el pensamiento, trate de influir en lo que de verdad ocurre y mueve el mundo? En 1940 George Orwell reflexionó sobre esto en su ensayo El vientre de la ballena y, más de 80 años después, Ian McEwan le toma aquí el relevo. ¿Hay que escribir a la intemperie, dejándose vapulear por el viento y la tormenta, o aislarse para hacerlo en una habitación del pánico? Y todo en muy muy poquitas páginas. Una delicia.

3. Mi padre alemán, de Ricardo Dudda, en Libros del Asteroide. La lectura del finalista del II Premio de No Ficción de Libros del Asteroide fue para mí toda una sorpresa. El recorrido que, con una sencillez y una honestidad encomiables, Dudda hace por la vida de su padre y sus abuelos sirve de excusa para repasar no sólo la historia de Europa en el siglo XX, sino también —y esto es lo que me ha parecido más interesante— su dibujo, el mapa, las fronteras y los muros que, como reptiles, cambian con frecuencia, mucho más de lo que pensamos, porque todo sucede a cámara lenta; el recorrido de las líneas que dan forma a los países y las vidas de quienes los habitan. Aquí, lo que escribí sobre el ensayo cuando lo terminé, relacionándolo con lo que está ocurriendo en Israel y Palestina.

2. Los asesinos de la luna, de David Grann, en Random House. Primera mitad del siglo XX, petróleo, crímenes y una historia insólita, la de la comunidad india de los Osage en Oklahoma. Con una atención particular en los detalles, material gráfico sorprendente y una maestría poco habitual en la crónica, Grann nos relata cómo se cometieron algunos de los primeros asesinatos en serie de la historia de Estados Unidos. El interés del texto, que engancha como el mejor de los thrillers, alcanzó a Martin Scorsese, que lo ha adaptado al cine, convirtiéndolo en una «peliculita» de más de tres horas.

1. Film noir, de María Negroni, en La Marca Editora. Confieso que no sé si la edición es de 2023, pero sí ha sido en este otoño cuando yo lo he descubierto, en la pequeña librería de la filmoteca, en el Doré. Un libro corto y sobrio, que va más allá del cine para repasar los clichés, las vidas y las marcas de estilo de algunos de los personajes imprescindibles en la construcción de ese territorio cada vez más extenso que es el género negro tanto en el cine como en la literatura.

*… y dos bonus track:

No incluyo estos libros en el ranking porque, en el caso del primero, El estrecho puente del arte, de Virginia Woolf, en Páginas de Espuma, aún me quedan algunos ensayos por leer, aunque ya sé que no me decepcionarán (en el enlace del título tenéis lo que escribí cuando tuve la oportunidad de conversar en una comida de prensa con Rafael Accorinti, responsable de la edición); y en el caso del segundo, Japón, el archipiélago de las estaciones, de José Antonio de Ory, en La Línea del Horizonte, ya os he hablado de en numerosas ocasiones de mi interés por Japón y creo que ya sabéis hasta qué punto me parece interesante el enfoque del autor en estas crónicas, que para mí fueron fundamentales a la hora de aprender más sobre el país y documentarme para Las manos tan pequeñas. Tanto es así que creo que he visitado Japón dos veces: cuando volé hasta allí y cuando lo descubrí a través de la mirada nada maniquea y en absoluto tópica de De Ory.

Y esto es todo. Espero que mis lecturas os sean útiles. Eso me hará feliz.

El día que conocí a Paul Auster

Abro los ojos antes de que suene la alarma del teléfono y veo como se levanta el lunes gris al otro lado de la ventana. Valencia ha sobrevivido una vez más a la tormenta y la calle del Turia se rebela contra la melancolía favorecida por el clima y nunca duerme del todo. Delante del portal de mis padres, el obrador del Horno Pastelería Dorita permanece con la luz encendida durante la noche entera. No todos empleamos igual las largas horas de la madrugada. Alguien se ocupa en ese tiempo de hacer el pan, las caracolas de chocolate y los merengues. Las empanadillas de tomate y atún. Las tartas de cumpleaños. Desde que tengo uso de razón, Dorita existe y yo me siento más segura cada vez que duermo en casa de mis padres, sabiendo que alguien, muy cerca, permanece alerta; alguien despierto que, en caso de catástrofe o amenaza, nos escuchará si gritamos pidiendo ayuda en la oscuridad.
Aunque la realidad traiciona la expectativa: afortunadamente nunca nos ha pasado nada.
Doy por concluidos mis apuntes costumbristas y remoloneo con el teléfono aplazando el momento de levantarme. Así es como descubro en Instagram un mensaje de A, su manera de hacerme saber que ha llegado sano y salvo al que es ahora su lejano lugar en el mundo: compartir conmigo una bellísima publicación de Sidi Hustvedt sobre cómo es la vida cotidiana tamizada por el tratamiento de cáncer de Paul Auster. Hustvedt se refiere a la situación como «Cancerland» y describe con detalle el encuentro del novelista con una admiradora también enferma en la sala de espera del enésimo hospital. El texto es emocionante y me transporta en un parpadeo a un lugar de mi memoria al que llevaba mil años sin asomarme, aquel en el que atesoro el recuerdo del día que conocí a Paul Auster en la desaparecida Fnac Castellana y no me hice con él ni una sola foto, ni tampoco le pedí que me firmara un ejemplar de Diario de invierno, el libro que vino a presentar.
Sucedió un jueves 23 de febrero de 2012, pocos meses después de la inauguración de la tienda en Nuevos Ministerios y de mi incorporación al equipo de comunicación responsable de la agenda cultural. Aquel día Paul Auster llegó a la ciudad y Anagrama, que todavía era su editorial, eligió nuestro fórum para su encuentro con los lectores madrileños.
Alertados unas semanas antes del gran acontecimiento y poseídos por una especie de fiebre berlanguiana que nos convirtió a todos en el elenco perfecto para una nueva versión de Bienvenido, Mister Marshall, mis compañeros y yo, que era el último mono, nos pusimos a trabajar en los preparativos de lo que llamamos “La noche de Paul Auster” y, temerosos de un posible fallo en la asistencia, empezamos a invitar a diestro y siniestro. Encargamos en cartón pluma reproducciones gigantes de las cubiertas de las novelas de Auster; contratamos traducción simultánea; compramos un jamón (¿cómo no?) y buen vino, blanco y tinto, porque no sabíamos cuál le gustaba más; publicitamos hasta la extenuación que la charla sería retransmitida también en streaming gracias a una gran pantalla ubicada en el hall diáfano de la tienda, para quien se quedara fuera una vez completo el aforo limitado; y, gracias a los excelentes libreros con los que contaba la cadena, llenamos la librería, no sólo con los títulos de Auster, sino también con los de Hustvedt, a quien le dedicamos un par de las cabeceras principales, que flanqueaban el pasillo hasta el espacio destinado para el evento.

Mi recuerdo de lo “oficial” es confuso. Por supuesto, nadie falló y acceder a la sala del directo con el autor de La noche del oráculo se convirtió en una odisea en la que yo interpreté con pasmosa credibilidad el papel de atribulada portera, porque me tocó bregar con la lista de invitados VIP y elegir quién merecía el privilegio de entrar y quién no —a los diez minutos de descorrer la catenaria, mi respuesta se convirtió en un «no» perpetuo, porque allí ya no cabía un alfiler… eso sí, Javi y yo logramos que nuestros padres se sentaran más contentos que unas castañuelas en primera fila y me pregunto si Auster dudó acerca de la identidad de aquellos dos matrimonios tan majos que lo observaban sonrientes y secretamente orgullosos de que sus hijos les hubieran conseguido el mejor sitio.
Nuestros padres también tuvieron el privilegio de asistir a las breves entrevistas que Auster mantuvo con la prensa antes de la presentación, cuando la planta entera de la librería, aún cerrada al público, se parecía mucho a los banquetes todavía sin empezar: la sala vacía e impecable de un hotel que espera con las mesas puestas —en nuestro caso libros gigantes y centenares de ejemplares de Diario de invierno— a que lleguen los invitados y los novios, o el bebé protagonista del bautizo.
Acompañé a Auster en su recorrido desde el ascensor hasta el improvisado set de grabación junto con un periodista de TeleMadrid que iba a ser el primero en entrevistarlo. El autor era alto y llevaba una cazadora grande, de piel negra. Vaqueros también negros. Todo en él —el pelo peinado hacia atrás con grandes entradas, los ojos algo saltones y simultánemaente turbios y limpios, la tez oscura y su forma de conducirse sin prisa pero con seguridad por aquel territorio que no había pisado nunca— se correspondía con lo que yo había imaginado. Él me había contado, a mí y al mundo, un buen puñado de historias destinadas a moldear mi percepción de la realidad que me había tocado vivir, destinadas a despertar mi emoción por la magia del azar sobre lo cotidiano y ver lo luminoso y la oportunidad en el dolor, a la vez insoportable, de la pérdida —en aquel momento aún recordaba a la perfección la trama completa de El libro de las ilusiones, que había terminado en un autobús Valencia-Madrid, con la sensación de que ninguno de los pasajeros que me acompañaba podía adivinar la tormenta que el final de la novela había desatado en mi interior.
En todo eso estaba yo pensando, cuando, de pronto, Auster se detuvo y el séquito completo se detuvo con él, dando un pequeño y brusco frenazo no previsto. Lo hizo a pocos metros de set y del fórum, ante una de las cabeceras con los libros de Hustvedt, donde destacaba la maravillosa Todo cuanto amé.
Auster sonrió y el periodista de TeleMadrid se atrevió a preguntar en un giro imprevisible:
—¿Le gusta la autora?
Entonces Auster, sin mirarlo y rubricando una situación que, no tengo duda, el periodista habría de recordar el resto de su vida, respondió atento todavía a las cubiertas de las novelas de ella:
—No sólo es que me guste, es que además soy muy afortunado, porque se trata de mi mujer.
En este punto se hizo el silencio y el equipo de libreros que salpicaba el perímetro en posición de firmes intercambió miradas de catástrofe y contuvo la risa nerviosa, pero Auster no se inmutó y a los pocos segundos siguió andando y el planeta volvió a girar. El resto de la velada, más allá del overbooking, transcurrió sin incidentes y al ritmo de una interesante selección de jazz.
Vino y jamón se terminaron.
La cola de lectores deseosos de obtener una firma y una foto dio la vuelta a la manzana del edificio. A nadie le importo sufrir el frío de la noche de invierno.
Y cuando todo hubo terminado, cuando todos se fueron y el autor se hubo despedido satisfecho de su enésimo éxito, nosotros nos quedamos para recoger los restos de la fiesta y no apagamos la música, porque siempre bailábamos al final.

***




Apuntes sobre ‘Fortuna’

Prevengo a F antes de nuestra cena. Le escribo un mensaje: «Prepárate, porque no voy a parar de hablar sobre Fortuna«, y le envío a continuación un enlace a la ficha de la novela en la web de Anagrama, donde se incluye el vídeo de una entrevista a Hernan Díaz que no termino de ver. Tampoco fui capaz de terminar A lo lejos, el título anterior del autor, que a mi compañera María, sin embargo, le gustó mucho, y por eso me he resistido durante meses a empezar Fortuna. Gran error.

Una mañana de Feria en El Retiro, en uno de los breves respiros que nos concedió la lluvia, Josep Maria se acercó a nuestra caseta e hicimos una de las cosas que más nos gusta en el mundo: hablar sobre los libros que hemos leído recientemente y sobre los que tenemos previsto leer. No siempre coincidimos en nuestros gustos, pero respetamos nuestros criterios, así que, cuando me insistió en que le diera una nueva oportunidad a Díaz, que acaba de ganar el Pulitzer, mi negativa no fue absoluta. A los pocos días, recibí en la librería un ejemplar de Fortuna y me lo llevé a casa, donde pasó algo más de una semana relegado a la pila altísima de las lecturas pendientes… hasta que una noche, para llenar los ocho minutos que tardo en hervir la pasta, con una Mahou verde abierta y un cuenco pequeño de patatas fritas al alcance de la mano, lo empecé atrincherada en mi escepticismo.

Y ya no pude soltarlo hasta llegar a la última línea de sus 440 páginas.

Las críticas no se ponen de acuerdo y los referentes son numerosos: hay quien detesta Fortuna y quien la aplaude; hay quien la compara con La hoguera de las vanidades o Ciudadano Kane, y quien la relaciona con Pozos de ambición o, por su estructura, con La piedra lunar o La mujer justa. En cualquier caso, todos coinciden en que nos encontramos ante una novela que habla del dinero. No hay nada más antiguo, nada más manido en la ficción —dando un paso más en la descripción de la trama— que la historia financiera de Estados Unidos y el personaje que por excelencia la representa: el del «hombre hecho a sí mismo» (esta es una de las expresiones que más odio en el mundo por lo que tiene de imposible), capaz de ir perdiendo habilidades sociales a un ritmo paralelo al del incremento de sus innumerables cuentas bancarias… sin embargo, y en esto reside su magia, Fortuna sólo utiliza la historia de Andrew Bevel (financiero arquetípico que transita los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del XX) y su mujer Mildred como excusa, porque en esta novela no importa tanto el qué como el cómo: es la estructura la que nos desconcierta desde el principio, insinuándole al lector que tal vez, desde la primera página, está pisando un suelo resbaladizo y plagado de trampas, un territorio embrujado que exige toda su atención. Semejante sensación, que muy pocas veces se logra en la literatura y está por encima de tramas, puntos de vista e idiomas de escritura, únicamente puede llegar de la mano de un grandísimo escritor.

Cuando termino el libro son más de las dos de la madrugada. El edificio está en silencio, el calor es soportable y en la televisión sin volumen se suceden los fragmentos de un reality show… y yo salgo de mi trance, que me muero de ganas por compartir con la gente a la que quiero y que, como yo, es adicta a las cada vez menos frecuentes buenas lecturas, con la sensación de haber asistido al nacimiento de una hoguera que ha terminado por convertirse en un tremendo incendio. ¿O acaso no es eso exactamente la literatura? El poder que tienen unos pocos de prender ante nuestros ojos e invisible para la realidad, el fuego.

Mis lecturas favoritas de 2019

A falta de enfrentarme a un texto que resuma mi 2019 en lo personal, he aquí mi lista de mejores lecturas del año, de más a menos. No todas son novedades. No todas son novelas negras, pero todas comparten una cosa: me han dicho algo nuevo o me han hecho mirar lo que ya conocía de manera diferente.

Si os atrevéis con alguna o ya lo habéis hecho, espero que me contéis.

1. Compartido: La exposición, de Nathalie Léger (Acantilado) y Las madres no, de Katixa Agirre (Tránsito).

2. Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg (Acantilado).

3. La edad del desconsuelo, de Jane Smiley (Sexto Piso).

4. Cuerpo feliz, de Dacia Maraini (Altamarea).

5. Los crimenes de Alicia, de Guillermo Martínez (Destino).

6. Sánchez, de Esther García Llovet (Anagrama).

7. La luz azul de Yokohama, de Nicolás Obregón (Salamandra).

8. Mi año de descanso y relajación, De Ottessa Moshfegh (Alfaguara).

9. El último barco, de Domingo Villar (Siruela).

10. Invierno, de Elvira Valgañón (Pepitas de Calabaza).

Y aparte de estos diez y sin atreverme mucho con mi propio criterio, porque la poesía no es mi terreno, un par de poemarios que me han erizado la piel…

… Y un libro de cuentos para peques sobre un montón de mujeres valientes.

Feliz Navidad.

Que ustedes lo lean bien.