Los días que perdimos

Callao, Madrid

Está el sol de esta mañana de otoño, por fin fría, portadora de ese aire de despedida que se lleva por delante todas las hojas; y luego están los días que perdimos: cajitas con un cierre secreto, donde permanece atrapado el tiempo que, casi sin enterarnos, dejamos escapar.

Las caricias que no nos daremos nunca.

Qué elección más extraña aceptar ese adiós sin rebelarse. Renunciar al tacto y aún así no abandonar la zona catastrófica, como quien asume la muerte a la que le conduce el estricto cumplimiento de los principios de su religión.

Hay cierta lasitud en esta bandera blanca, cierta melancolía.

Y también cierta fe; el interés por un camino que no había recorrido antes; la intuición de palabras bonitas y duras todavía por decir. Las escribiré todas mientras se encienden las luces de neon que alumbran a solitarios y supervivientes.

Escribiré en la oscuridad y lo haré para ti,

que podrías romperme mil veces,

y aquí me quedaré.

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