Se ha pasado en un vuelo. Han sido siete semanas de radio y libros en la mejor compañía, colaborando en La ventana del verano, haciéndome cargo de La ventana de los libros. El resultado de todo este tiempo compartido en antena es esta lista de recomendaciones que os dejo a continuación, y que reflejan un panorama literario interesante y lleno de opciones, y un increíble aprendizaje con los mejores y al micrófono.
En ESTE ENLACE tenéis los audios, por si queréis escuchar la sección.
A partir de ahora, con el gusanillo de la radio ya despierto y alerta para volver al ataque en cuanto sea posible, seguimos viéndonos los sábados en el ABC Cultural y siempre en Cervantes y compañía.
Leí hace muchos años los Diarios amorosos de Anaïs Nin, Incesto y Fuego. Ahora la editorial Siruela se dispone a ponerlos de nuevo en circulación —volverán a las librerías en septiembre—, y yo soy otra persona muy distinta a la que se acercó a ellos por primera vez, y creo que puedo entender a la autora mejor.
Busco en la RAE la definición exacta de la palabra «vínculo»: unión o atadura de una persona o cosa con otra.
Algunos vínculos son subterráneos e invisibles, y no se pueden romper. Intentar deshacerlos garantiza el sufrimiento, es como tratar de partir con los dientes el eslabón de una cadena; asumirlos supone aceptar los barrotes de una jaula y renunciar a toda posibilidad de rebelión.
En el tiempo que ha pasado desde mi primera lectura de Nin, he descubierto mi naturaleza.
Está la mente, siempre despierta, tan segura de sí misma y sin embargo incapaz de imponer su criterio en cuanto el cuerpo toma el control. Últimamente, me vacío a menudo de todas las cosas y me limito a ser solo cuerpo.
Y no hay nada dramático en esta rendición.
Me he esforzado en luchar contra ella, pero al final he comprendido que forma parte de mí y debe convivir con las cosas cotidianas, con el afecto diario y corriente, que también es indispensable. Los dos, el cariño más suave y la herida que se mantiene abierta, me completan.
El último domingo de julio me levanto temprano y paseo con Michi por el Retiro. Nos ponemos al día pero no hablamos de Nin y su deriva extraordinaria, una ola imparable que arrastró a un buen puñado de hombres —entre ellos Henry Miller, Hugh ParkerGuiler o Antonin Artaud— con la fuerza de quien no se interesa por el bien y el mal, sino únicamente por la «experiencia». Hablamos de nosotras y, como ocurre siempre, Michi terminó atemperando mi tendencia a la tragedia.
Prevengo a F antes de nuestra cena. Le escribo un mensaje: «Prepárate, porque no voy a parar de hablar sobre Fortuna«, y le envío a continuación un enlace a la ficha de la novela en la web de Anagrama, donde se incluye el vídeo de una entrevista a Hernan Díaz que no termino de ver. Tampoco fui capaz de terminar A lo lejos, el título anterior del autor, que a mi compañera María, sin embargo, le gustó mucho, y por eso me he resistido durante meses a empezar Fortuna. Gran error.
Una mañana de Feria en El Retiro, en uno de los breves respiros que nos concedió la lluvia, Josep Maria se acercó a nuestra caseta e hicimos una de las cosas que más nos gusta en el mundo: hablar sobre los libros que hemos leído recientemente y sobre los que tenemos previsto leer. No siempre coincidimos en nuestros gustos, pero respetamos nuestros criterios, así que, cuando me insistió en que le diera una nueva oportunidad a Díaz, que acaba de ganar el Pulitzer, mi negativa no fue absoluta. A los pocos días, recibí en la librería un ejemplar de Fortuna y me lo llevé a casa, donde pasó algo más de una semana relegado a la pila altísima de las lecturas pendientes… hasta que una noche, para llenar los ocho minutos que tardo en hervir la pasta, con una Mahou verde abierta y un cuenco pequeño de patatas fritas al alcance de la mano, lo empecé atrincherada en mi escepticismo.
Y ya no pude soltarlo hasta llegar a la última línea de sus 440 páginas.
Las críticas no se ponen de acuerdo y los referentes son numerosos: hay quien detesta Fortuna y quien la aplaude; hay quien la compara con La hoguera de las vanidadeso Ciudadano Kane, y quien la relaciona con Pozos de ambición o, por su estructura, con La piedra lunar o La mujer justa. En cualquier caso, todos coinciden en que nos encontramos ante una novela que habla del dinero. No hay nada más antiguo, nada más manido en la ficción —dando un paso más en la descripción de la trama— que la historia financiera de Estados Unidos y el personaje que por excelencia la representa: el del «hombre hecho a sí mismo» (esta es una de las expresiones que más odio en el mundo por lo que tiene de imposible), capaz de ir perdiendo habilidades sociales a un ritmo paralelo al del incremento de sus innumerables cuentas bancarias… sin embargo, y en esto reside su magia, Fortuna sólo utiliza la historia de Andrew Bevel (financiero arquetípico que transita los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del XX) y su mujer Mildred como excusa, porque en esta novela no importa tanto el qué como el cómo: es la estructura la que nos desconcierta desde el principio, insinuándole al lector que tal vez, desde la primera página, está pisando un suelo resbaladizo y plagado de trampas, un territorio embrujado que exige toda su atención. Semejante sensación, que muy pocas veces se logra en la literatura y está por encima de tramas, puntos de vista e idiomas de escritura, únicamente puede llegar de la mano de un grandísimo escritor.
Cuando termino el libro son más de las dos de la madrugada. El edificio está en silencio, el calor es soportable y en la televisión sin volumen se suceden los fragmentos de un reality show… y yo salgo de mi trance, que me muero de ganas por compartir con la gente a la que quiero y que, como yo, es adicta a las cada vez menos frecuentes buenas lecturas, con la sensación de haber asistido al nacimiento de una hoguera que ha terminado por convertirse en un tremendo incendio. ¿O acaso no es eso exactamente la literatura? El poder que tienen unos pocos de prender ante nuestros ojos e invisible para la realidad, el fuego.
El miércoles libro por fin. Desayuno pasadas las diez y F, que por la noche va a ir a la ópera, me envía algunos fragmentos de Ernani, que yo escucho mientras la lluvia golpea las claraboyas. El día es gris, pero tiene una luz que, quizás por el efecto de la música, suaviza los contornos y eleva el escenario doméstico de la buhardilla a la calidad de literario que yo siempre me empeño en conferirle.
Sentada delante del portátil, con el cursor parpadeando en el centro de la página a medio escribir, observo el pequeño ejército de libretas y rotuladores de colores, la taza de café, los ejemplares de Libre y de Fortuna, que descansan sobre mi perjudicada edición de Todo Marlowe, y me digo a mí misma que la melancolía de esta primavera tardía que parece otoño cederá, y llegaremos a una especie de claro del bosque donde volveremos a entendernos.
La tarde anterior —ya casi la noche— Silvi me habló de nuevo de Al sur de la frontera, al oeste del sol. Su compañía en la Feria y durante el paseo de vuelta a casa fue providencial… apareció sin más y se quedó conmigo durante horas. Supo, sin necesidad de explicación alguna por mi parte, que dentro de mí se rebelaba un grito contra y por todas las cosas, una inquietud salvaje y paradójicamente silenciosa, azuzada por los últimos acontecimientos y también por mi nueva e incipiente realidad.
El jueves por la mañana firmo de verdad el contrato. Han pasado ya algunas semanas desde que alcanzamos el acuerdo, pero la rúbrica le confiere un peso de salto al abismo y alegría inmensa que aún no le había atribuido.
Así es como, en medio de todas las tormentas y rodeada de un montón de afecto, empiezo a trabajar.
Gracias a Raquel Friera, Miguel Sanfeliu, Pablo Bonet y Emili Albi por hacer este sueño posible.
Y gracias también a todas las libreras y los libreros que nos estáis acogiendo como en casa al libro y a mí.
En la Librería Cervantes de Oviedo. 15 de mayo de 2023.En la librería Ramon Llull, en Valencia. 12 de mayo de 2023.En la librería Cervantes y compañía de Madrid. 27 de abril de 2023.
Quedan solo dos días para que Desde el ojo del huracán salga a la venta y Zenda ha publicado las primeras páginas del ensayo, por si queréis descubrir un poco más sobre el texto, que empieza así:
¿Cómo se empieza a contar una historia que todavía no ha terminado? O mejor: ¿cuál es el sentido de una narración infinita? ¿Hacia dónde se dirige? O mejor todavía: ¿no es una historia para siempre inconclusa el lugar al que pertenecemos, un relato del que solo nos está permitido comprender una parte, aquella en la que participamos, la única y brevísima sobre la que tenemos el privilegio de decidir?
La tercera y última parte de la serie literaria protagonizada por Indira Ramos es una intriga plagada de acción, incógnitas y excesos, que se devora en dos sentadas y tiene un sorprendente desenlace. Lo más aconsejable, leerla sin acudir siquiera al texto de la contra. Aun así, para quien quiera saber un poco más. Aquí va el enlace a mi reseña en el ABC Cultural.
Ya me gustó muchísimo Piel quemada, la primera novela que la editorial Salamandra publicó de esta autora estadounidense (aquí os dejo la reseña), y La dama del lago, que nos remite por supuesto al clásico de Raymond Chandler, no se queda atrás. Nos encontramos ante una novela elegante, que juega con el punto de vista y parte de un divorcio en un tiempo en el que el divorcio aún era una rareza, y una extraña desaparición. Un buen noir de factura impecable, escrito en el siglo XXI.
La primera novela del periodista deportivo Luis García-Rey no prescinde absolutamente de nada: drogas, crimen, sexo, mujeres fatales, mujeres que odian, por trasnochadas, a las mujeres fatales… y un policía, Axel, que deberá resolver el crimen de un famoso locutor radiofónico mientras en Galicia se desarrolla una trama de drogas.
Si habéis leído Axel y os apetece comentarla y conocer al autor, podéis venir a la librería el próximo miércoles, 12 de abril, y participar en nuestro club de lectura, que contará con la presencia de Luis.
El humor es el protagonista absoluto de la novela de Dusse, donde la sangre y la espiritualidad se combinan y funcionan sorprendentemente bien, gracias a un abogado con mil problemas, un mafioso destinado a desaparecer y un curioso terapeuta cuyas enseñanzas salpican el relato dotando de un peculiar e insólito sentido a la acción criminal.
Persecución se mueve entre la ficción criminal y la poesía con una fascinante fluidez. Nos encontramos ante una exhibición alucinante de la forma, del lenguaje y sus infinitas posibilidades de encadenar imágenes y convertirse en partitura; todo a partir de un planteamiento con bastante gancho: un hombre que, después de llevar un año saliendo con una mujer, le confiesa, mientras se toman una copa de vino, que mató a su anterior pareja.
El regreso de Abad y Barroso no decepciona y multiplica por mil sus fortalezas: una intriga al más puro estilo Agatha Christie, pero ambientada en Santiago de Compostela, y una maraña adictiva de sentimientos y deseo contenido entre sus protagonistas.
Si queréis saber más sobre la obra de Arantza Portabales, aquí os dejo la entrevista que mantuvimos con motivo de su libro aterior, La vida secreta de Úrsula Bas.
Javier Rovira recrea en Mala mar dos tiempos y una familia entera, lastrada por un crimen que ensombrece su pasado y, mal resuelto, le impide avanzar. Excepcionalmente bien escrita y nada parca en contexto y detalles, la novela respira y fluye sin obstáculos. Para mí, ha sido uno de los descubrimientos de esta temporada literaria.
El regreso de Gamache no decepciona y lo que ocurre esta vez en Three Pines, tampoco: la visita de un inquietante personaje, que se oculta —rostro incluido— bajo un manto negro y se sitúa mudo e impertérrito en la plaza del pueblo durante días altera las conciencias y los ánimos de los habitantes de la pequeña localidad canadiense. ¿Quién es? ¿A qué o a por quién ha venido? ¿Qué debe ocurrir para que por fin decida marcharse?
Una intriga brillante.
La desconocida, de Rosa Montero y Olivier Truc, en Alfaguara.
Un thriller correcto y entretenido, ambientado a medio camino entre Lyon y Barcelona, resultado de la propuesta de escritura a cuatro manos del festival Quais du Polar.
No me gustó especialmente la novela anterior de Kitamura publicada también por Sexto Piso, En el bosque, sin embargo intimidades me atrapó desde el principio. Es una novela que, sin contar con una intriga criminal, maneja el suspense de forma magistral y lo utiliza para narrar la cotidianidad de una traductora recién llegada al equipo del Tribunal Internacional de La Haya. Nueva en la ciudad y prácticamente sola en la vida, la protagonista nos conduce a través de sus relaciones e impresiones del mundo… y le ocurre algo un poquito (solo un poquito) perturbador.
No pude con Hamnet, pero devoré Retrato de casada con la misma avidez con la que hace años descubrí a O’Farrell gracias a La extraña desaparición de Esme Lennox. Sensorial como muy pocos textos, este libro que encierra la brevísima vida de Lucrezia de’Medici —con un misterioso final— se despliega ante el lector como una imagen que se muestra tras un velo: sugerente y complejísima. Maravillosa.
Es curioso cuánto han tardado las palabras en llegar a la orilla,
pero ahora están aquí.
Son frías,
poderosas como un ejército de náufragos.
Su única dignidad, como la mía,
consiste en haber sobrevivido.
Son los testigos únicos de una guerra perdida y pronunciarlas es honrar un dolor al que dejamos mudo, reconocer que la pena existió y que, al marcharse, ha dejado a su paso kilómetros de nada; una certeza hueca sobre todas las cosas.
El llanto ahogado de un bebé al que asfixiamos al segundo siguiente de nacer.
Eran las cuatro de la tarde y la sala de los Princesa estaba vacía.
Fuera, la luz se debatía contra el peso de plomo del invierno sobre la plaza de los Cubos.
Estaba la película y también podía sentir al otro lado de las paredes del cine las vidas de la gente anónima y silenciosa, cruzando la plaza, esperando a alguien, corriendo para no perder el autobús, la sangre de la ciudad y su corazón bajo aquella luz suave y esperanzadora, y también gélida.
El universo entero e infinito del que aún formamos parte.
Y me pregunté, mientras todo esto pasaba, cuánto tiempo más: