Las célebres órdenes de la noche

‘Las célebres órdenes de la noche’, Anselm Kiefer. 1997.

La historia quedará ligada a Las célebres órdenes de la noche. El lienzo, como una palabra secreta, como la llave única de una puerta suspendida en el espacio y en el tiempo, flotando en la silenciosa oscuridad de las galaxias, se convertirá en un salvoconducto. No pasará nada o todo ocurrirá, pero en cualquier caso Las célebres órdenes de la noche es un principio, uno de los muchos comienzos que, sobrevolando a la deriva las estaciones y los años, conforman una vida entera.

¿Cuántas veces podemos volver a empezar?

Tantas como madrigueras de conejo detectemos bajo nuestros pies.

Porque la vida sigue. Es un recodo del río arrullado por el canto monocorde de los insectos. Protegido por la espesura, en él no se detecta la corriente, aunque bajo la superficie en calma las algas y los peces se mecen violentamente sin elección, marionetas de trapo en manos del agua todopoderosa.

Y luego está la muerte.

Pero hoy no quiero pensar en ella.

Sólo quiero dejarme llevar.

Y olvidarme y acordarme de ti a partes iguales. Tú, que estarás conmigo para siempre.

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