Arantza Portabales: “Vivimos en una sociedad en la que nadie asume públicamente sus culpas”

La escritora Arantza Portabales (San Sebastián, 1973)

Se define como “una señora de provincias que viene de hacer lasaña en la Thermomix” y, mientras me resume brevemente su trayectoria, me alegra que ella inaugure este ciclo de entrevistas veraniegas en primera persona, porque a su sucinta descripción de sí misma, detrás de la palabra “Thermomix”, yo añadiría el adjetivo “extraordinaria”. Y es que Arantza Portabales no puede esconder su excepcionalidad durante demasiado tiempo. Basta con escucharla hablar sobre su nueva novela, La vida secreta de Úrsula Bas, tan solo unos minutos, para darse cuenta de que esta mujer de conversación inteligente y melena larguísima, que compagina su trabajo como interventora con el de escribir historias plagadas de misterio, es todo menos corriente y en su interior esconde uno de esos mundos complejísimos en los que conviven en perfecto equilibrio las luces y las sombras, y apetece perderse sin escatimar las horas.

Autora de los libros de narrativa breve A celeste la compré en un rastrillo (2015) e Historias De Mentes (2020), Portabales vio como su carrera, salpicada de premios y reconocimientos, se consolidaba cuando la editora María Fasce se la llevó a Lumen para publicar la traducción del gallego al castellano de Deje su mensaje después de la señal (2018), una novela coral, protagonizada por cuatro mujeres enganchadas a un contestador automático. Después llegó el noir y la puesta en órbita, con Belleza roja (2021), de dos personajes muy atractivos y nada maniqueos: el comisario Santi Abad y la joven policía Ana Barroso, ambos también eje central de La vida secreta…, donde tendrán que dar con el paradero de Úrsula Bas, una afamada escritora con amplia presencia en las redes y una vida perfecta, al menos en apariencia, que una tarde se desvanece sin dejar rastro, como un fantasma, en las calles de Santiago de Compostela.

“Vivimos en una sociedad de gente muy sola, que necesita que le hagan caso”, y eso no significa que no tengamos a nadie sentado a nuestro lado en el sofá, significa que a menudo la compañía física no viene de la mano de la compañía espiritual, lo que equivale a un buen puñado de almas solas y vulnerables, muy fáciles de atrapar por aquellos que solo pretenden hacer daño.

LA CRISIS, LA ADRENALINA Y EL MIEDO

—¿Cómo llegó a la novela policiaca? Llegué leyendo. Descubrí en mis primeras lecturas a Los Hollister y a Agatha Christie y, aparte de su carácter adictivo, me sentí fascinada por unos textos formalmente simples, pero psicológicamente muy complejos. Además, a mí el género negro me sosiega. Después de Deje su mensaje…, necesitaba escribir algo que no me exigiera tanto a nivel emocional, y eso el noir me lo permitía, aunque sólo hasta cierto punto, porque los lectores me han hecho ver que mi voz de autora se reconoce en cualquiera de mis obras, no importa lo que escriba, ya que me encanta y no puedo evitar meterme en la mente de mis personajes y explorarla al máximo. Me gusta más contar desde dentro que desde fuera.

—Al conocer a Úrsula Bas es imposible no pensar en usted, también escritora de éxito. ¿Se identifica con ella? Con ella y con cada uno de mis personajes, aunque a la vez todos tienen un punto universal, que permite que el lector se conmueva y se reconozca en sus perfiles. Úrsula Bas se encuentra en un momento existencial importante, en el que ha decidido que quiere vivir como si fuera a morir mañana; una sensación que hemos experimentado todos, desde la señora que empieza a patinar con 45 años, porque se encapricha de un patinador, al señor que, con esa misma edad, se compra un Porsche; es un momento en el que nos exigimos sentirnos vivos y que siempre llega al volver la vista atrás y comprobar que el principio del camino queda tan lejos que ya no se ve.

—Una situación emocional que comparten varios protagonistas de La vida secreta… Es que yo creo que vivimos en un constante punto de inflexión, con carácter general y afortunadamente, porque sería terrible que nuestra vida fuera una repetición eterna de cosas que no nos aportan nada. Hay que vivir de verdad, hay mucha gente que camina dormida, pero la pandemia nos ha dejado esto muy claro: nos ha hecho ver que no queremos estar quietos.

—Visto así, hasta le encuentro cierto atractivo a la crisis individual permanente. Sí, si tiene un punto de revulsión. Sin su depresión, Úrsula Bas no se hubiera convertido en escritora y, sin ciertas experiencias clave de mi vida, yo tampoco lo habría hecho. Cuando somos jóvenes, actuamos por impulsos, convencidos de que la sabiduría nos llegará sin esfuerzo en la edad adulta. Sin embargo, conforme vamos envejeciendo, nos damos cuenta que no somos sabios ni tampoco ya capaces de actuar de esa manera impulsiva que tan fácil nos resultaba en la juventud, y esto es terrible. La crisis, la adrenalina y el miedo están para hacernos correr, saltar y seguir vivos.

“EL MALO SOY YO”

—Cuénteme como nacen Abad y Barroso. Cuando escribí Belleza roja, la planifiqué al milímetro y tenía claro que contaría con un único investigador, Santi Abad, que iba a caerme muy mal y sobre el que no iba a descansar el peso de la investigación. Pero, de repente, un día, mientras estaba escribiendo, en el despacho de Abad entró Ana Barroso y descubrí que la necesitaba: era un personaje fresco, dinámico y con ganas, y, por supuesto, imprevisto. Lo que multiplicó mi sorpresa es que, además, iniciaran una relación personal, sobre todo porque Abad es un hombre muy gris, que a mí misma no me gusta y con muchísimos demonios.

—Sí, pero aún así logra que se empatice con él. Es verdad. He conseguido que los lectores conecten y empaticen con quien no se debe.

—Con un policía que, en su vida privada, es un maltratador. Exacto, y eso que, en esta segunda entrega de la serie, Abad ya ha tomado las riendas de su problema y hace algo bien: comprender que la culpa está en él y no en las situaciones que genera; asume la responsabilidad del problema, algo dificilísimo, ya no en el caso de los maltratadores, que también, sino en el del sistema. Vivimos en una sociedad en la que nadie asume públicamente sus culpas… y es en un contexto así donde Abad acepta la suya y dice: “el malo soy yo”. En este sentido, tenemos mucho que aprender de él.

—¿Por qué eligió el maltrato como el pecado de Abad? Primero, porque es un tema que me interesa y, tristemente y dada su actualidad, interesa en general, tanto el maltrato físico como el psicológico; y, segundo, porque buscaba un problema contra el que mi personaje pudiera luchar. La mente es una gran desconocida, para la que no hay normas. Eso sí, no creo en la redención ni por amor ni por bondad.

—Lo que más me sorprende es ese “por amor”. Aunque parezca mentira, siempre hay alguien dispuesto o dispuesta a querer a los malvados… Recuerde la fantástica Tenemos que hablar de Kevin. No se me ocurre mejor ejemplo. Hasta la persona más horrible del mundo tiene alguien que la quiere, por lo general su madre —aclara riendo—. Y luego está lo mucho que nos atrae el mal.

LA DESTRUCCIÓN DE LA TRAMA

—¿Cómo construye las tramas? Sería mejor decir que las destruyo —vuelve a reír—. Me viene la idea a la cabeza a partir de las cosas que me pasan. En el caso de Úrsula B., yo misma he creado algunos vínculos de amistad por Internet y me ha sorprendido la intensidad de las relaciones establecidas a través de las redes y el WhatsApp, algo posible porque la distancia que te permiten estos canales facilita la evolución y la rápida intimidad de las relaciones. Por otro lado, yo quería hablar en esta novela de la crisis existencial. En Belleza roja exploré mucho el tema de la culpa y aquí quería profundizar en el hecho de que alguien a veces se cree feliz y no lo es, y de como ese estado nos anima a imponernos sobre el miedo, como le pasa a Úrsula Bas, y a caminar por la vida sin red.

—Más allá de los temas, yo definiría su forma de narrar como muy honesta, no es de esa clase de novelistas de intriga que llegan a la conclusión de sus misterios como el mago que saca un conejo de la chistera y eso es muy de agradecer. Una premisa fundamental de mi literatura es no mentir al lector y mostrarle la verdad en cada línea, aunque él no sea capaz de verla.

—¿Y qué diferencia su estilo? ¿Qué aporta Arantza Portabales a la novela negra? Creo que las historias están todas contadas, pero cada uno las contamos de forma distinta. Yo las cuento desde dentro, con una voz del siglo XXI, con una voz de mujer y, muy importante, no cuento historias de mujeres, cuento historias de personas. No me muevo muy bien por las geografías físicas, pero lo hago fenomenal por las geografías humanas. Analizo bien los sentimientos, me gusta golpear en la barriga al lector y que, cuando cierre un libro mío, piense cuánto hay de él en esas páginas.

El futuro

La pandemia divide a la humanidad entre observadores y víctimas. Sobre los primeros, pende el miedo constante a cruzar al otro lado y caer enfermo o perder a alguien. Sobre los segundos, se impone el dolor, que siempre trae con él una dramática y prolongada ceguera. En estas circunstancias, pensar en el futuro, imaginar siquiera qué es lo que estamos haciendo mal y qué condicionará el escenario que, aunque ahora nos parezca mentira, tendrá que venir, invariablemente nos hace sentir culpables.

Se clava una punzada en el corazón.

Y yo me despierto de la siesta para recordarme que no he escrito hoy.

Odio este tiempo. Le pertenezco y, a la vez, lo analizo con aversión. Ha sacado lo mejor de las voces anónimas y lo peor del cien por cien de nuestros líderes. Aunque ¿quién sirve para liderar el hundimiento? ¿Quién para comprender que, quizás, la única posibilidad de supervivencia pasa por hundirse primero para salir a flote después? Como en el caso del coche que cae al mar en un accidente: para salvarse y poder nadar hasta la superficie es necesario aguantar en el interior hasta que el vehículo toca fondo y se llena de agua, de lo contrario la presión no dejará abrir ninguna puerta… y moriremos.

Pero yo no sé nada, solo que no he escrito hoy.

Así que tomo decisiones. Detecto a los culpables de este bloqueo que empieza a ser preocupante y solo se suaviza cuando leo; cuando leo, me concentro.

Devoro La noche de plata, de Elia Barceló, y entre sus páginas me olvido de una angustia que poco tiene que ver con el virus y mucho con las mil cosas que, afortunadamente, pueblan mi cotidianidad, tan llena incluso en este semiencierro, sellado con la lluvia y el zumbido de los helicópteros, que nos están trastornando a todos.

Soy afortunada, pero mi vida debe quedarse desnuda, hay que podarla de lo prescindible; vaciarla del ruido, como si se tratara de una pista de audio en el montaje de uno de esos podcast tan de moda. La situación exige ser implacable.

El mordisco de ‘Drácula’ en Malasaña

Claes Bang, el ‘Drácula’ de Netflix

Dejo temporalmente el Barrio de las Letras porque por fin empieza la obra de la buhardilla. Con ella, la posibilidad de que muera mientras me ducho, al romperse el suelo y abrirse un boquete en mi baño que me transporte en segundos al piso del vecino del tercero, queda descartada.

Me da pena irme de Lope de Vega, pero pienso que en pocas semanas volveré y, por otra parte, me apetece la convivencia con Cris, responsable de que escuche en bucle a cantantes extradramáticas mexicanas.

Cris vive en Malasaña, al lado de La Tapería.

El primer día, mi amiga me compra pasta, gulas, queso blanco y aceitunas, y así logra que me sienta como en casa. Además, María cena con nosotras y arreglamos el mundo entre tortilla y tortilla de patata. El segundo día, al quedarme sola, fundo los plomos y, desvalida, veo anochecer desde el sofá del salón, sin ninguna luz. Me entristezco un poco y llamo a Cris unas noventa veces, también llamo al Pepe Botella, donde ella suele ir a corregir, y un camarero muy amable grita su nombre por todo el local, pero no la encuentra y me cuelga dejándome en la negrura. Me acuerdo de Edison y de Tesla. De nuevo el drama. Menos mal que afortunadamente todo acaba solucionándose. El tercer día, me hago pollo con arroz para cenar y ya no me acuerdo lo más mínimo de Huertas.

Las novedades de novela policíaca -muchas- ya están instaladas en la mesa azul de la salita, porque no hay que pasar por alto que esta existencia apacible transcurre sobre un fondo sangriento de crímenes ficticios y, antes de irme a dormir, leo Progenie. Feliz con mi sensación de comodidad, me digo a mí misma que soy una mujer muy fría.

Lo supero todo enseguida.

Bueno, todo no.

Con algunas cosas me he rendido a la hora de intentar dejarlas en el olvido, porque las necesito como el agua y aceptarlo, por fin, me tranquiliza.

Ahora duermo en una habitación sin claraboya, pero sí con balcón. La luz entra temprano (yo nunca corro las cortinas), oblicua, desde la calle estrecha con fachadas antiguas, de colores, lamiendo el suelo de parqué, y yo siempre tardó un poco en levantarme. Me gusta ese ratito vacío entre el sueño y la acción que, como un torrente, barre toda posibilidad de pensamiento reflexivo. Desde la cama escucho el barrio, que se despierta: las persianas de los bares y las tiendas de alimentación; las herramientas de alguna obra inevitable y muchas voces apagadas y simultáneamente alegres, infectadas por la primera hora del día; el sonido de un lugar pequeño inserto en el corazón de la ciudad.

Otro planeta.

El fin de semana vemos Drácula. Al principio nos gusta, luego no. Dos de sus tres episodios imitan la estética fascinante de la Hammer, y eso es lo mejor. El tercero lo estropea todo, pero aún así nos divertimos. La novela es una de mis favoritas.

Y la idea del mordisco, una tentación.

Mis lecturas favoritas de 2019

A falta de enfrentarme a un texto que resuma mi 2019 en lo personal, he aquí mi lista de mejores lecturas del año, de más a menos. No todas son novedades. No todas son novelas negras, pero todas comparten una cosa: me han dicho algo nuevo o me han hecho mirar lo que ya conocía de manera diferente.

Si os atrevéis con alguna o ya lo habéis hecho, espero que me contéis.

1. Compartido: La exposición, de Nathalie Léger (Acantilado) y Las madres no, de Katixa Agirre (Tránsito).

2. Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg (Acantilado).

3. La edad del desconsuelo, de Jane Smiley (Sexto Piso).

4. Cuerpo feliz, de Dacia Maraini (Altamarea).

5. Los crimenes de Alicia, de Guillermo Martínez (Destino).

6. Sánchez, de Esther García Llovet (Anagrama).

7. La luz azul de Yokohama, de Nicolás Obregón (Salamandra).

8. Mi año de descanso y relajación, De Ottessa Moshfegh (Alfaguara).

9. El último barco, de Domingo Villar (Siruela).

10. Invierno, de Elvira Valgañón (Pepitas de Calabaza).

Y aparte de estos diez y sin atreverme mucho con mi propio criterio, porque la poesía no es mi terreno, un par de poemarios que me han erizado la piel…

… Y un libro de cuentos para peques sobre un montón de mujeres valientes.

Feliz Navidad.

Que ustedes lo lean bien.

Crónica periférica de BCNEGRA: “A veces, el único modo de no ser una víctima es convertirse en criminal”


No pude quedarme a escuchar a Don Winslow ni a James Ellroy, no estuve entre el público de las pistas más iluminadas de BCNEGRA. Cero perturbación, las apariciones estelares se contaron mil veces y se contaron muy bien, así que yo me perdí por los escenarios periféricos del festival y pasé las tardes del miércoles y el jueves camuflada en el inmenso patio de butacas del Conservatori del Liceu. Allí descubrí algunas voces interesantes.

De todas ellas, sin duda, la más peculiar fue la del ruso Andréi Kurkov, exfuncionario de prisiones en Odesa, donde animó a los presos a fundar una banda de música, y autor del atípico Muerte con Pingüino, recientemente publicado por Blackie Books. En su novela, Kurkov cuenta la historia de Viktor, un escritor arruinado que adopta a Misha, un pingüino deprimido y enfermo del corazón. Cuando Viktor consigue un empleo como redactor de necrológicas, se desencadena misteriosamente una serie de muertes de personajes ilustres que le garantizan el trabajo. A través del humor y el escepticismo, Kurkov utiliza la novela negra para retratar la sociedad ucraniana postsoviética y constatar que en algunos países (podríamos decir en todos) donde la corrupción es una parte tácitamente aceptada del sistema, “a veces el único modo de no ser una víctima es convertirse en criminal”.

En su casa atestada de pingüinos que le llegan de los lugares más recónditos del planeta de parte de lectores rendidos a sus pies, el escritor ha empezado una historia nueva en la que las protagonistas serán las abejas que, como los pingüinos, son gregarias por naturaleza, si bien en las tramas de Kurkov esa necesidad de avanzar y “ser” en el grupo a menudo conduce a la tristeza y la desesperación.


Junto a Andréi Kurkov, el británico Ray Celestin, que acaba de publicar en Alianza Negra El blues del hombre muerto, destacó la importancia del escenario a la hora de desarrollar un argumento de género. Por eso él, en esta ocasión, ha escogido para su ficción hiperdocumentada la mezcla de jazz y mafia del Chicago de los años veinte, donde era ilegal el consumo de alcohol (la cuarta industria más importante de Estados Unidos en el momento de su prohibición).

En El blues del hombre muerto se cruzan Al Capone y Louis Armstrong, y la narración avanza con un tono no demasiado taciturno, sino más bien algo ligero, el ideal para compensar la dosis de sangre y horror de los bajos fondos.

Nadie está a salvo

El primer día hizo sol y me compré en La Central de Mallorca, tras la lectura del artículo de Elvira Lindo, la no ficción sobre el asesinato y posterior descuartizamiento de Laëtitia Perrais, Laëtitia o el fin de los hombres. El segundo día no dejó de llover y, acatando una de las verdades fundamentales de toda novela de crímenes, la de que es alrededor de unan buena comida o con una copa entre las manos cuando se revelan los más interesantes secretos, el periodista y escritor Jordi Corominas, la agente literaria Amaiur Fernández y yo nos fuimos a comer al Raval, al lado de Casa Leopoldo, lugar de inspiración para Vázquez Montalbán… aunque nosotros, fieles al espíritu periférico no entramos allí, sino en El Cafetí, ubicado en la misma calle y con un menú de cocina tradicional por solo 12€, que incluía los mejores garbanzos estofados que he probado en mucho tiempo.

Entre el primer plato y el postre (tarta casera de galleta maría), comentamos la fiesta canalla de la noche anterior en la antigua fábrica de cerveza Estrella Damm, donde Norma había presentado BCN Noire , la antología de 23 historietas ambientadas en la Barcelona más oscura en la que han participado, entre guionistas e ilustradores más de 48 artistas liderados por “Raule”, el impulsor de la idea, y en la que los nombres de mujer escasean de forma escandalosa.


Para compensar la ausencia de perspectiva femenina, Amaiur y yo continuamos la tarde escuchando a B. A. Paris, que tras su éxito Al cerrar la puerta acaba de volver a las librerías con Confusión; e Inés Plana, debutante excepcional con Morir no es lo que más duele; ambas acompañadas por el nigeriano Leye Adenle, cuya primera novela, Highlife, publicada por la editorial argentina Metalucida, lo llevó a reflexionar sobre esa idea preconcebida y ya caduca de que hay en el mundo lugares más seguros que otros… nadie está a salvo.

En ningún sitio.

En febrero, #EllasEscribenNegra

Estoy muy contenta de participar en las actividades que organiza el Foro One Monedero.

El próximo 22 de febrero a las 20hs charlaremos sobre lo que hay de atractivo en un crimen; sobre los fantasmas y las pulsiones habitualmente reprimidas, que despiertan las páginas de sucesos y la ficción criminal en quienes las escriben y en el lector.

A partir de mis lecturas y mi propia experiencia como autora, en el encuentro realizaremos un recorrido por la obra, las filias y las fobias de las grandes damas del crimen y sus personajes más emblemáticos. El Poirot de Agatha Christie o el Ripley de Patricia Highsmith se darán cita en este coloquio que tiene la intención de repasar la vida, la literatura y la atracción por la sangre fría de algunas de las mujeres más interesantes de los dos últimos siglos.

Así que allí os espero. Si os apetece, sólo tenéis que inscribiros.

10 novelas y un premio que hay que leer para ser el más sabio en BCNEGRA

Sabíamos las fechas, del 29 de enero al 4 de febrero, y esta semana que termina hemos conocido por fin el programa. Diez días nos separan de BCNEGRA, el festival de novela negra que anualmente se celebra en Barcelona desde hace más de una década y que se ha consolidado como punto de encuentro para los amantes del género. Tanto si tenéis previsto ir como si no, la convocatoria es una buena excusa para destacar los mejores autores y títulos incluidos en la agenda del evento.

Aquí van mis diez favoritos:

Tal vez no conquistara a los medios a lo largo de su extensísima carrera literaria, centrada sobre todo en la novela policiaca y la ciencia ficción, y víctima de la censura durante el franquismo, pero Manuel de Pedrolo, que en 2018 hubiera cumplido 100 años, fue el autor de uno de los clásicos contemporáneos de referencia en la historia de la literatura catalana, Mecanoscrito del segundo origen, una distopía traducida a más de veinte idiomas, que encontró entre los adolescentes a sus lectores más fieles y cuyo mensaje adquiere, hoy más que nunca, el valor de una advertencia.

Mario Conde cumple sesenta y la amenaza de la edad lo vigila desde un mugriento calendario de pared. Afortunadamente, la realidad cotidiana no va a dejarle demasiado tiempo para reflexionar acerca de su inminente entrada en la vejez (¿o sí?): la visita de un antiguo compañero de estudios y amigo de la infancia, necesitado de sus inestimables servicios tras haber sido víctima de un robo que lo ha privado de su posesión más preciada, una talla de la Virgen de Regla, marca el principio del juego.

Cuadernos del Laberinto acaba de recopilar en un único volumen las ocho primeras correrías de Bellón, uno de los buscavidas con más carisma de nuestra narrativa, y la antología, que ya va por su segunda edición, no ha tardado en convertirse en un libro de culto.

La entrega más reciente de los casos a cargo de Petra Delicado comienza con el asesinato de una mujer de mediana edad sin apenas familia y con un único hecho que rastrear en su pasado más reciente: una discreta aventura. Eso sí, este crimen no será el único.

Novela perfecta para adictos a los hechos y la trama. Cass no socorre a una conductora cuyo coche parece haberse averiado en medio de la tormenta y descubre poco después que la mujer ha sido asesinada. A partir de ese momento, la preocupación y el remordimiento condicionarán la memoria de Cass, su capacidad para centrarse en los compromisos habituales… solo la realidad aterradora del crimen tendrá fuerza suficiente para absorberla por completo.

  • Taxi, Carlos Zanón, 2017:

La protagonista absoluta de esta narración es Barcelona, que como un extraterrestre invasor de cuerpos cambia de forma y adopta a su antojo, según le convenga, el perfil del amplísimo abanico de personajes con los que Carlos Zanón, comisario de esta edición del festival, puebla cada uno de sus rincones, desde los barrios más nobles a los paisajes casi lunares del cementerio y el aeropuerto.

Tres tramas simultáneas en el Chicago de finales de los años veinte, donde coinciden Al Capone y Louis Armstrong, y fluye el jazz; una historia bien documentada y solo en apariencia fragmentada en un cúmulo de acontecimientos independientes, que confluyen en una pieza musical, “Dead Man’s Blues”.

El único hándicap que tiene la primera novela de Inés Plana es el riego de que los lectores la confundan con un simple best seller. Es mucho más. El misterio del ahorcado sin ojos hallado en el cerro de las Brumas está contado con un estilo transparente y un detallismo que impregna trama y personajes, dotándolos de una verosimilitud poco frecuente y muy bienvenida. Novelón.

El último caso del Perro Lascano está a la altura del resto de la serie del argentino Ernesto Mallo y profundiza en la figura del ya retirado comisario con toda la fuerza de las despedidas.

Hay pocas voces como la de Highsmith y pocos, muy pocos, personajes como Ripley: malos que nos caen simpáticos. Dos buenas dosis, una de literatura y otra de misantropía, conforman la obra de esta gran dama del suspense, imprescindible para todo amante del género.

Y, ¿CÓMO NO?, ELLROY:

Premiado este año con el Carvalho, Ellroy llega a BCNEGRA con Mis rincones oscuros, un texto autobiográfico en el que encontraremos muchas de las claves para entender por qué el autor, un superviviente de su tormentoso pasado, a menudo más salvaje que el de su ficción, no podía ser otra cosa que un excelente escritor de género.