Matt Haig, autor de ‘La biblioteca de la medianoche’: «El ensayo nos ofrece respuestas; la ficción, preguntas»

*Hace justo un año, tuve el placer y la oportunidad de conversar con Matt Haig en Ibiza sobre sus novelas y, a partir de ellas, como ocurre siempre cuando se habla de libros, sobre un montón de cosas. Por desgracia, esta se convirtió en una de esas entrevistas que se quedaron en el tintero… hasta hoy. Como sabéis, me encanta compartir con vosotros en esta web mis textos «perdidos», Este es uno de ellos. Bienvenidos a algún momento del verano de 2024…

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Matt Haig (Londres, 1975) tenía veinticuatro años y coqueteaba con las drogas y el alcohol cuando intentó suicidarse en Ibiza. Afortunadamente, no lo hizo, pero la experiencia lo alejó de la isla, a la que se prometió no volver. Sin embargo, y también afortunadamente, algunas promesas están ahí para que llegue el momento de romperlas y, al traicionarlas, superar nuestros miedos y cambiar nuestra forma de ver las cosas. Esa es la razón por la que, un cuarto de siglo después de aquel oscuro incidente, Haig ha publicado La vida imposible (ADN, 2024), una historia ambientada en la isla sobre la importancia del presente y la capacidad para disfrutar y trazar nuestro propio camino.

Me encuentro con el autor de La biblioteca de la medianoche (ADN, 2021)—el best seller del que ha vendido más de siete millones de ejemplares en todo el mundo— en un hotel cercano al puerto y a los pies del ibicenco barrio antiguo de Dalt Vila. Es una mañana de verano y Haig calza unas alpargatas de un verde militar a juego con su camiseta de manga corta. Lleva unos vaqueros negros y ligeros, y en su brazo izquierdo dos tatuajes me llaman la atención, el de una libélula y el de un pájaro de colores que parece haber escrito «Andi» con el pico. A lo largo de la conversación descubriré que su mujer se llama Andrea. Haig la mencionará cuando hablemos de la culpa, uno de los temas fundamentales de sus libros. Me dirá: «Cierta clase de culpa puede sernos útil. Hubo una época en que yo no fui un buen compañero para Andrea, pero la culpa me ayudó a mejorar. La terapia me enseñó que, aunque no podemos cambiar el pasado, sí podemos aceptar nuestras imperfecciones e intentar ser mejores en el futuro».

            La joven Nora Sheed, en La biblioteca de la medianoche, trata de acabar con su vida y se despierta en un limbo donde la bibliotecaria de su instituto le entrega un grueso libro que recoge todos sus remordimientos y le permite «probar» cómo hubiera sido su existencia si sus decisiones, grandes y pequeñas, hubieran sido distintas. La anciana Grace Winters, en La vida imposible, se siente responsable del accidente en el que murió su único hijo cuando solo era un niño y deja que el tiempo se le escape como agua entre los dedos durante décadas, hasta que fallece su marido y ella recibe de parte de una amiga del pasado una inesperada herencia: la propiedad de una casa en Ibiza a la que, después de darle muchas vueltas al asunto, decide viajar.

            «Elegí una mujer de edad avanzada como protagonista porque quería escribir sobre alguien que deja todo atrás, y hacerlo desde la vejez, cuando a priori ya no tenemos nada por delante y creemos que lo único que nos queda es el recuerdo, era lo más fácil. Además, mostrar Ibiza desde los ojos de Grace me ha permitido alejarme de los estereotipos que planean sobre este lugar. Como británico, soy muy consciente de ellos y no quería caer en la tentación de que la novela se convirtiera en una facilona carta de amor a la isla. Es mucho más».

Un frágil equilibrio

Haig tiene razón, La vida imposible es mucho más; y no solo porque la aventura de Grace supere con creces los límites de la mera visita turística y, gracias a la estela de su amiga muerta, se adentre en bellísimos paisajes submarinos, y coquetee con lo sobrenatural, sino también porque, por lo que respecta a la forma, esta nueva propuesta del autor, al igual que La biblioteca…, se mantiene en un difícil equilibrio entre la ficción más pura y la narrativa de desarrollo personal, aunque a la hora de definir su reciente trabajo él no tiene ninguna duda: «Es literatura. La prueba más clara de ello es que a partir de la historia nos formulamos preguntas. El ensayo nos ofrece respuestas; la ficción, preguntas. Yo me las hago constantemente. Quizás suene a cliché, pero lo cierto es que escribir es para mí la mejor de las terapias. Cuando más tranquilo me siento es mientras escribo el primer borrador de una historia, porque mientras escribo controlo el mundo y preguntas y respuestas surgen de forma espontánea. El misterio y el conocimiento nos gustan a la vez y en La vida imposible ambos orbitan alrededor de la fragilidad, la de los seres humanos, que se rompen, por ejemplo, al perder a un ser querido, y la de la naturaleza, que está en peligro. Asumir lo fácil que resulta esa fractura nos lleva a valorar más el estar vivos».

            Conscientes de ese valor, lo que queda es saber cómo exprimir al máximo nuestros días y Haig conoce el secreto: «Debemos aprender a habitar el presente. Además, puede parecer una paradoja pero, a menudo, lo que nos impide vivir como queremos es el deseo extremo de vivir. He recorrido un largo camino desde mis veinte años hasta hoy, desde la persona que fui a la que soy, y en ese viaje mi paso por Ibiza supone una etapa importantísima. De hecho, creo que esta novela es mi manera de disculparme con la isla, a la que al principio no comprendí y ahora he comprendido por fin».

‘Sanmartín & Galindo’, episodio 5: La mejor ficción criminal del siglo (I). Con Esther García Llovet

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Coordenadas: quedan fuera las series literarias y la ficción criminal española, que abordaremos en futuros episodios. Desde este punto de partida, abordamos las mejores novelas criminales de lo que va de siglo. El resultado: una buenísima lista de títulos para el verano.

Además, charlamos con la flamante ganadora del Premio Celsius, Esther Garcia Llovet, que es en sí misma un universo entero.

Esperamos que disfrutéis de la escucha tanto como nosotros de la grabación, y nos lo contéis en comentarios.

Volvemos en septiembre.

J. M. Guelbenzu: “Uno debe leer a sus contemporáneos. Hay que leerlos sin olvidar ese referente cualitativo que marcan las obras supervivientes al paso de los siglos”

*En el otoño de 2012, tuve la suerte de entrevistar a Guelbenzu para Revista de Letras. A lo largo de estos años me he acordado muchas veces de algunas cosas que me dijo en esa conversación, toda una lección de literatura. Hoy, un día después de su muerte, el recuerdo de aquella charla ha ganado fuerza y me apetecía mucho compartirla con vosotros.

Octubre de 2012. Cafetería Miau (ya desaparecida), en la esquina de la calle del Príncipe con la plaza de Santa Ana.

Guelbenzu sonríe con frecuencia delante del café que se ha pedido en el Miau. Ha llegado el último, así que, cuando me encuentra, yo ya llevo un rato mirando por la ventana enorme junto a la que se sitúa nuestra mesa, entretenida con el tránsito más bien escaso de la calle del Príncipe, a esas horas tempranas de un lunes por la mañana.

Empezó a escribir en serio a los 22 años, ha trabajado en algunas de las editoriales españolas más importantes, ha sido profesor en la Escuela de Letras, es crítico literario y coordinador de numerosas antologías, y entre sus favoritos hay algunos de los míos, como Chandler, Hammett o Sjöwall y Wahlöö, creadores de Rosanna. Así que, al saludarnos, pienso que tengo delante de mí a un hombre que ha dedicado cerca de medio siglo exclusivamente a la literatura. Por eso no me resisto a preguntarle cómo la ve, cuál es su veredicto sobre la narrativa actual y los escritores más jóvenes de nuestro país. Me cuenta que percibe “un serio aumento en la tradición de la novela”.

España era un país de novelistas sueltos, pero ahora ha surgido un grupo de autores de tipo medio que garantiza la continuidad. Antes no lo había”. Sin embargo, reconoce que no lee demasiada novela española, porque está en una edad en la que ya solo se permite leer cosas muy buenas, como los clásicos.

Ante esa elección, retomo las palabras de algunos de mis colegas libreros, que insisten en la conveniencia de leer únicamente autores muertos, pero Guelbenzu no está de acuerdo: “Uno debe leer a sus contemporáneos. Los escritores vivos escriben para su gente y hay que leerlos, sin olvidar ese referente cualitativo que marcan las obras supervivientes al paso de los siglos”.

Estoy de acuerdo y lo comparto con él antes de advertirle que vamos a adentrarnos en las preguntas centradas en su último trabajo.

Es un hombre amable, de gestos pausados y barba blanca, que se alegra con una modestia auténtica cuando le digo que me ha gustado su novela. Muerte en primera clase, recientemente publicada por Destino, es la sexta entrega de la serie protagonizada por la juez de instrucción Mariana de Marco, que arrancó en 2001 con No acosen al asesino.

Escribo novela policiaca por el personaje. No era esa mi intención inicial, pero cuando terminé la primera -no habí­a prevista una segunda-, me di cuenta de que no podí­a dejar a Mariana, porque aún tení­a muchas cosas que decir”.

El proceso creativo

“Muchas veces, por mi casa, me han pillado hablando solo por el pasillo. Es un ejercicio de calentamiento”. Eso es lo que me responde cuando me intereso por cómo trabaja los diálogos, cuya presencia en Muerte en primera clase es fundamental. “Cuando el personaje habla, el lector debe intuir lo que hay detrás… es como cuando un amigo nos enseña las fotos de su viaje y elige sólo las más bonitas”.

Comparaciones como esta hacen que me resulte muy interesante el proceso creativo de Guelbenzu, la mecánica mental que aplica a la hora de sentarse a redactar. Considera que la inspiración es una broma pesada y que la escritura, más allá de la indispensable sensibilidad del autor, es una cuestión de disciplina. Me dice: “Escribo como quien se adentra en un territorio desconocido con un mapa y una brújula”.

Y tiene una regla de oro: “Para mí­ es igual de real mi familia que la del personaje, pero son mundos paralelos, que no deben tocarse jamás”.

Y es que a Guelbenzu le gusta el género, más el polici­aco que el negro, cree en él, pero sobre todo le gusta Mariana de Marco. En esta ocasión, el juego de pistas de la intriga, que se desarrolla en el espacio cerrado de un crucero de lujo por el Nilo, le sirve como excusa para desarrollar el tema principal de la historia:

“Con Muerte en primera clase lo que pretendo es profundizar en cómo es la amistad entre las mujeres, sin duda muy distinta a la amistad entre los hombres. Ellas son más confiadas, más abiertas. Los hombres siempre se guardan muchas cosas por muy fuerte que sea la relación que mantienen con el otro, pero las mujeres comparten más y permiten a la amiga que se adentre sin obstáculos en sus zonas de inquietud o de vergüenza. Eso es lo que querí­a captar”.

Es un hecho: yo soy una mujer y lo que afirma no lo tengo tan claro. Se lo digo y vuelve a reí­r sin desdecirse de su opinión. Él es un escritor que ha observado mucho a las mujeres y está convencido de que, después de un largo proceso de análisis y trabajo duro, las conoce muy bien y es capaz de crear caracteres femeninos “desde dentro”; aunque lo que me resulta más curioso es la abstracción en la que se inspira:

Nunca jamás me he apoyado en personajes reales para crear los míos en la ficción. Es imposible sacar un personaje de la nada, pero yo, antes de verlo fí­sicamente, lo veo moral y sentimentalmente. El fí­sico lo compongo como si fuera el Doctor Frankenstein, de retazos”.

Más allá de la definición del perfil, cuando se sienta a escribir deja un margen para que le sorprendan, “porque el personaje puede sorprender al propio autor. Antes de empezar, y más en una novela como esta, conozco la trama, pero no sé qué le va a pasar al personaje”, cómo va a alcanzar esos puntos preestablecidos.

‘Sanmartín & Galindo’, episodio 4: La ficción criminal asiática

¿Por qué en la actualidad nos atrae tanto la ficción criminal asiática, ya sea literaria o audiovisual? En este episodio buscamos los motivos y repasamos algunos de los títulos fundamentales de la historia más oscura de esta riquísima literatura.

Además, conversamos con Marto Pariente, uno de los pocos autores españoles publicado por Gallimard.

Galindo y yo esperamos con muchas ganas vuestro feedback.

FLM 2025: Diez libros para no pasar por la feria sin caer en la tentación

Queda una semana para que se inaugure la Feria del Libro de Madrid y aquí van diez sugerencias para no salir de ella con las manos vacías. Son los títulos que yo me compraría; algunos, porque los he disfrutado mucho; otros, porque estoy deseando leerlos e intuyo por lecturas anteriores y reseñas que no me van a defraudar. Sé que no hace falta guía ni estímulo para «pecar» en las casetas (la nuestra es la 97 y allí os esperamos con ganas tremendas), al revés, lo difícil es contenerse, pero me apetecía compartir con vosotros mi heterogénea selección. Si os apetece, en los comentarios podéis dejarme la vuestra.

Vamos allá.

VENENO PARA ESCRITORES, de Nicola Lecca, publicado por Siruela. Yo no encontré esta novela, ella me encontró a mí. Me asaltó una mañana en la librería, al llamar mi atención entre las novedades que estaba colocando, y la devoré. La historia de una escritora sospechosa de haber envenenado a cuatro colegas durante un retiro de escritura se despliega ante el lector a partir de una entrevista televisiva que la más que probable asesina acepta mantener. Breve, original y muy adictiva. Para el verano, una lectura infalible.

EL EXAMINADOR, de Janice Hallett, publicado por Ático de los Libros. Lectura pendiente con la que, sin duda, voy a disfrutar muchísimo, porque ya conozco la originalísima escritura de Janice Hallett, donde todo cabe (correos electrónicos, mensajes de texto, cartas…), y sé que no me va a defraudar, sino a sorprender de nuevo. En esta ocasión, la trama se desarrolla en el entorno de un curso de posgrado sobre arte multimedia. Esto ya me gusta, pero, insisto, aquí lo que importa son la forma (rompedora) y el tono (a medio camino entre la novela de enigma seria y el cozy crime).

EL REY DE BRONCE, de Javier Alandes, publicado por Contraluz. Escasean las buenas novelas de aventuras para adultos, pero aquí tenemos una. Javier Alandes vuelve a la carga con la historia de un fraude, el de hacer pasar a ojos del mundo un falso busto de Alejandro Magno por una auténtica obra del siglo IV a. C y vendérsela al tercer mayor museo de los Estados Unidos. Hace unos días tuve la oportunidad de comer con el autor y, en cuanto llegué a casa, me puse a leer la novela, que está a la altura del entusiasmo del novelista.

EL JARDINERO Y LA MUERTE, de Gueorgui Gospodínov, publicado por Impedimenta. Una rara avis en mi selección, lo sé. Llevaba tiempo queriendo leer a Gospodínov, desde Las tempestálidas, y esta novela, que cuenta los últimos meses de un padre narrados por su hijo, ha sido el acicate definitivo para que me acercara al autor. Envidio a quien no lo haya hecho todavía, porque le espera un gran disfrute. Ademas, no puedo pasar por alto la edición preciosísima, que destaca, además del contenido, la importancia del libro como objeto que queremos poseer.

EL ESPÍA, de Jorge Díaz, publicado por Planeta. Hay dos cosas que me gustan en el regreso a la novela en solitario de Jorge Díaz, uno de los integrantes de la exitosa Carmen Mola: el tiempo elegido para el relato, la Europa de la primera mitad del siglo XX, y la forma de plantear la investigación del crimen del misterioso barón Von Rolland, a partir del por qué y no del quién lo hizo. Si queréis saber más, os dejo AQUÍ EL ENLACE al tercer episodio de Sanmartín & Galindo, dedicado a las novelas de espías, en el que Jorge fue nuestro invitado.

EL MISTERIO DE LA MUJER TATUADA, de Akimitsu Takagi, publicado por Salamandra. Este clásico de la ficción criminal japonesa, que aquí no tiene nada que envidiar a la estadounidense más sucia, liderada por Chandler y Hammett, nos traslada a los últimos años cuarenta de un Japón humillado por la pérdida de la guerra y en conflicto con sus tradiciones. Con ese telón de fondo, una misteriosa mujer, poseedora de un preciado tatuaje por el que algunos estarían dispuestos a matar, se cuela en la vida de un joven estudiante de medicina forense y, poco después, se produce la tragedia… una novela maravillosa.

LA HISTORIA DE UN CRIMEN I, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, publicado por RBA. Por fin se recuperan las intrigas del comisario Martin Beck, responsable de mostrarnos con una mirada crítica y llena de ironía las sombras del estado del bienestar sueco durante los años sesenta y setenta del siglo pasado. En este volumen se incluyen los cuatro primeros títulos de esta fantástica serie literaria, germen de la ficción criminal nórdica tal y como la conocemos hoy. Roseanna, que inaugura la saga, es una de las historias que me hizo amar el crimen en la literatura.

LA HUELLA DEL CRIMEN, de Raúl Waleis, publicado por Adriana Hidalgo. Escrita en 1877, más de diez años antes de los crímenes de Jack el Destripador y de las famosas crónicas de Pérez Galdós sobre el crimen de la calle Fuencarral, La huella del crimen, una rareza, está considerada por muchos como el primer policial escrito en español. Si lo será o no es difícil de asegurar al 100%, pero lo que sí está claro es que resulta curiosísimo acercarse a este texto sorprendentemente moderno. Ambientado en París, el misterio comienza con la aparición en el claro de un bosque de un cuerpo cuya identificación será la primera de las sorpresas. De mis mayores descubrimientos del año.

AUDICIÓN, de Katie Kitamura, publicado por Sexto Piso. Creo que Katie Kitamura mejora con cada novela. Intimidades, su título anterior, me dejó fuera de juego; y ahora Audición arranca de tal manera que no me deja margen de duda: Kitamura es actualmente una de mis autoras favoritas. Una mujer busca entre la clientela de un restaurante en Manhattan a un hombre que la espera. Cuando lo reconoce, tras sortear el obstáculo de la recepción, se dirige hacia él… esta escena corriente se transforma en manos de la novelista en un extraño motivo de inquietud. Maravillosa.

VIAJE AL OESTE. LAS AVENTURAS DEL REY MONO, publicado por Siruela. El Rey Mono es tan conocido en China como lo son aquí Don Quijote y Sancho, porque Viaje al oeste (1590), que en esta nueva edición de Siruela en un solo volumen se presenta ante los bibliófilos como un ejemplar irresistible, es una de las cuatro novelas clásicas chinas más influyentes, junto con el Romance de los tres reinos, Los bandidos en el pantano y Sueño en el Pabellón Rojo. Tras haber tenido la oportunidad esta primavera de coordinar un club de lectura sobre esta última, ahora es Viaje al oeste la que ha captado mi atención. He leído que esta odisea anónima del siglo XVI inspiró el famoso Dragon Ball, de Akira Toriyama. Me dispongo a descubrirlo.

‘Sanmartín & Galindo’, episodio 3: La novela de espías, con Jorge Díaz

¿Por qué nos gusta tanto la novela de espías? ¿Qué nos atrae de aquellos que ocultan su identidad para robar todos los secretos y participar de la guerra invisible e infinita del poder, ya sea político, económico o pasional?

En el tercer episodio de Sanmartín & Galindo repasamos los mejores títulos del género a lo largo de su historia, acompañados de alguien que lo conoce muy bien, el escritor y guionista Jorge Díaz

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Tom Hindle y el ‘Asesinato en el lago de Garda’

Tom Hindle estaba trabajando en una historia de crímenes ambientada en un funeral en Yorkshire, cuando decidió irse de vacaciones con su mujer al Lago de Garda, en Italia, muy cerca de Verona, y cambió de idea. La belleza del lugar lo animó, no solo a cambiar el escenario de su ficción en curso, sino también a transformar el funeral en una boda, un gran acierto que cristalizó en Asesinato en el lago de Garda (Ático de los Libros, 2025), una intriga tan sofisticada como opresiva, que planea en círculos concéntricos, al más puro estilo The White Lotus, alrededor del nutrido grupo de invitados a un enlace de la alta sociedad, cuya celebración se verá frustrada a causa, por supuesto, de un asesinato terrible.

En la línea de La lista de invitados, de Lucy Foley, para relatarnos la historia del delito y el descubrimiento del culpable, Hindle no se conforma con un solo punto de vista —a pesar de contar con una voz principal, la de Robin, joven periodista reconvertida en camarera, que enamorada del hermano pequeño del novio se ve de pronto inmersa en un mundo de glamour, lujos y apariencias que no es el suyo—, sino que nos presenta una narración coral, en la que se mezclan las versiones de los inocentes y las de los sospechosos en una combinación poco habitual y muy bienvenida en el relato criminal literario, donde a menudo parece suficiente que el investigador nos lleve de la mano: «Quería que el lector tuviera una imagen completa de lo que estaba ocurriendo y eso no podía ser solo con Robin. Todos mis personajes, además, tienen un papel activo en la intriga central y eso también quería mostrarlo. El lector de este tipo de novelas quiere adelantarse a la conclusión final y ser el primero en resolver el misterio. Para eso, necesita todas las piezas, y eso es algo que Robin, sola y sin ser policía, no podía darle. La mayoría de las novelas de género se conforman con seguir únicamente al detective, pero no es el caso de este libro y eso me divierte bastante. Es una forma de jugar con el lector y potenciar su empatía hacia todos los personajes, incluso hacia el asesino, lo que otorga una mayor complejidad a la novela.

—Sin embargo, eso no implica que renuncie a la estructura de la novela de enigma más clásica. Al contrario, se nutre de ella y el resultado es magnifico. ¿Por qué cree que en el siglo XXI sigue funcionando?

La novela de enigma nos gusta porque es un desafío entre el lector y el autor. De esto vamos a disfrutar siempre, desde los tiempos de Agatha Chirstie, a quien considero un genio, conocedora en profundidad de la naturaleza humana, hasta hoy. Además, la fórmula puede ponerse al día: se puede modernizar la estructura, sobre todo con las redes sociales, tan actuales e inexistentes en el tiempo de Christie. De hecho, una de mis protagonistas es una influencer.

—Junto a ella, un elenco de clase alta que, mientras disfrutaba de la historia, me hizo plantearme por qué nos gusta tanto leer sobre lo que no tenemos.

Yo soy una persona de clase media, pero creo que nos resulta fascinante asomarnos al mundo de la élite; en el Reino Unido, con la monarquía y los lores, más que en ninguna parte. Además, como ocurre en The White Lotus, que usted ha mencionado al principio, Asesinato en el lago de Garda nos muestra a gente con poder a la que un uso torticero del mismo le pasa factura y, observándolos, ajena por completo a ese círculo, está Robin, y el relato es suyo.

—¿Y qué lee alguien que maneja tan bien la fórmula? Recomiéndeme tres clásicos criminales que no me pueda perder.

Eso es difícil, hay muchísimos, pero aquí van mis propuestas: El perro de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, Y no quedo ninguno, de Agatha Christie, y Asesinato en el honjin, de Seishi Yokomizo, donde una luna de miel se vuelve bastante sangrienta.

Sanmartín & Galindo. Detectives de novela

Estreno podcast de ficción criminal con el mejor. Juan Carlos Galindo y yo aunamos fuerzas para compartir con vosotros nuestro diálogo infinito sobre el crimen real e inventado, alrededor del que hemos construido nuestra amistad.

Espero que disfrutéis de la escucha de este primer episodio tanto como nosotros hemos disfrutado grabándolo. El tema: las mejores ficciones criminales de la historia universal. Podéis enviarnos comentarios, consultas y sugerencias por correo electrónico, a sanmartinygalindo@gmail.com.

KARSTEN DUSSE, autor de ‘Mindfulness para asesinos’: «El asesino se cree fuerte, pero en realidad es una persona ridícula»

Con motivo del estreno en Netflix de la serie Mindfulness para asesinos, cuelgo a continuación la entrevista inédita que le hice en enero de 2023 a Karsten Dusse, autor de la novela homónima, publicada por Espasa.

«Si situamos a una paloma blanca sobre un fondo negro, la veremos aún más inmaculada de lo que es. Esto es lo que hago en Mindfulness para asesinos al combinar el crimen y la atención plena». Así explica el abogado, guionista y ahora novelista superventas Karsten Dusse (1973, Essen, Alemania) por qué considera la novela negra el mejor canal para transmitir la esencia del mindfulness. Nada más extremo que un profesional de mediana edad que se transforma en asesino y deja morir a su cliente en el maletero de su coche mientras interioriza los principios de relajación y concentración que trata de inculcarle un peculiar terapeuta. Con este planteamiento, la reflexión sobre la sociedad que nos ha tocado en suerte y el humor alrededor de unos hechos a priori terribles y sangrientos están servidos.

Dusse, que en Alemania ya cuenta con cuatro novelas en las que el crimen se convierte en el vehículo perfecto para la divulgación de conceptos como el del «niño interior», las virtudes del Camino de Santiago o las controvertidas maniobras de Osho, está convencido de que el mejor lugar para narrar una historia es el del testigo: «solo desde esa perspectiva podemos impedir que nos ciegue la percepción inicial de las cosas y destripar lo que vemos hasta que no quede más que el hecho desnudo. Eso es divertido».

En ese caso, todo puede ser divertido, ¿nos podemos reír con el crimen?

Siempre en el plano de la ficción, no nos reímos de la víctima, pero sí de quién comete el crimen, porque el asesino se cree fuerte, cuando en realidad es una persona ridícula. Si somos capaces de verlo así, el crimen nos resultará menos temible, porque visualizaremos al criminal como un idiota y el mensaje final será: «no tengas miedo de un idiota».

—¿Un autor siempre escribe de la misma manera? ¿Escribimos como vemos y no lo que vemos?

Lo que vemos no siempre es objetivo.

—Yo diría que nunca lo es…

Elijo afrontar lo que ocurre desde la perspectiva del humor, así es como intento ver la vida: los fallos de la gente, sus luchas por progresar… pero, más allá del filtro que escojamos para mirar la realidad, debemos aceptar que no hay nada que sea bueno o malo al cien por cien. Asimilar esta certeza es muy relajante, porque nos deja un margen de impureza para jugar con los hechos y divertirnos.

—¿Practica el mindfulness?

Sí, desde hace 7 años.

—Björn Diemel, su protagonista en mindfulness para asesinos, también lo practica y también, como usted, que estudió derecho, es abogado. ¿Qué hay en esta novela de autobiográfico?

Cuando decidí empezarla, ya había escrito muchos guiones para televisión y eran siempre muy breves. Se grababan muy rápido. Todo se acababa en un segundo. Pero lo que yo quería era crear un mundo de cientos de páginas y mi primera decisión para alcanzar este objetivo sin eternizar el proceso fue reducir el tiempo de investigación previo a la escritura, por eso mi protagonista es abogado, porque conozco ese ámbito laboral. 

            La primera idea que tuve fue la de un abogado estresado que mataba a su cliente. Empecé a fabular a partir de este supuesto, quería ver hasta dónde podía llegar… y no tardé en darme cuenta de que faltaba algo, porque el estrés no me parecía suficiente motivo para matar, así que le di una vuelta y decidí, amparándome también en mis propias experiencias, que antes del crimen Björn dominara su estrés gracias al mindfulness. El ejercicio del Derecho y el mindfulness son los dos pilares de la trama que tienen que ver conmigo. El resto es ficción.

—Leyendo la novela quizás el lector piense que es mejor no aplicar los principios del mindfulness a rajatabla…

Es importante dejar claro que el personaje principal no comete el crimen por practicar el mindfulness. Con él reduce su estrés y consigue minimizar el peso de los factores morales, y eso es lo que se lo pone más fácil a la hora de delinquir.

            Más allá del divertimento de la novela, es importante señalar que quien domina las técnicas de mindfulness deja de darle vueltas a la cabeza y detiene sus pensamientos de culpabilidad, furia y fracaso, porque se concentra en el aquí y el ahora. 

—Björn se adentra en las bondades de esta disciplina gracias a Joschka Breitner, terapeuta inventado y autor de Desacelerar en el carril de adelantamiento: mindfulness para ejecutivos. ¿Cómo construyó este personaje, cuyos mensajes de atención plena y concentración salpican toda la trama?

Me imaginé al terapeuta que me hubiera gustado tener, porque al principio me costó entender la disciplina. 

            En Alemania la palabra que se utiliza para el mindfulness es Achtsamkeit, que significa algo así como achtung(«cuidado» / «peligro»), y me llevó un tiempo darme cuenta de lo que esto quería decir. La palabra en inglés significa sentir la mente y llenarla de cosas buenas, algo que también tardé un poco en comprender. Lo que pretendía con mi terapeuta ficticio era explicar el mindfulness de una forma sencilla.

—Y lo hace con las máximas de Breitner, que abren cada capítulo de la novela y están sorprendentemente bien logradas.

Reflejan la condensación de mis sentimientos. Cuando escribo, cada vez que termino un capítulo, veo cómo puedo resumir su esencia en una o dos afirmaciones. Creo que es ahí donde vuelco mis siete años de práctica de mindfulness, mis lecturas y búsquedas en la red.

Sospecha de infelicidad

—¿Por qué, en una sociedad como la nuestra, disciplinas como el mindfulness están tan en boga? Hace apenas unas décadas nadie hablaba de ellas. ¿De qué es síntoma?

Al final esto prueba que nuestros problemas son «de lujo». Nuestros padres bastante tenían con dar de comer a su familia y trabajar para lograrlo.

—La hija del Björn le dice a su padre: «papá, primero la excursión y luego el trabajo». ¿Por qué se nos olvida con tanta facilidad, cuando nos hacemos adultos, lo que es realmente importante?

Hablábamos de nuestros padres… En su época no había posibilidad de estar en dos sitios a la vez. Las nuevas tecnologías no existían y eso les obligaba, afortunadamente, a separar la vida personal y el tiempo libre del trabajo. Ahora es diferente, con los móviles, el correo electrónico, las redes y la web, las distancias han desaparecido.

—¿Significa esto que no estamos preparados para las nuevas tecnologías? ¿Tenemos que aprender a utilizarlas?

Tenemos que aprender a no utilizarlas. 

—Siguiendo con su reflexión y al terminar la novela, me quedo con la sensación de que vivimos en una sociedad profundamente infeliz. Aunque el libro sea de humor, es un humor muy amargo.

No estoy de acuerdo. Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas y al final tienes que elegir cómo quieres verlos y afrontarlos. De eso depende que podamos ser felices.

—Pero la lectura del libro me hace pensar que, si nos empeñamos en ser felices, no «somos» felices. No vivimos porque perdemos el tiempo «aprendiendo» a vivir. 

Puedo entender lo que dice, pero no es exactamente así. Mi protagonista adapta su vida a los problemas. Cualquiera de nosotros podemos decidir en cualquier momento dar un gran cambio a nuestra vida. Esto es lo que hace y nos demuestra Björn, y lo hace matando a su cliente. Es necesario para la historia contar con ese lado oscuro que destaca por contraste las glorias del mindfulness

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