Los libros de ‘La ventana del verano’ 2025

Todas vuestras.

A cuatro patas, de Miranda July, en Literatura Random House: Sin duda, uno de los libros del verano. Todo en él es exceso pero, por encima de cualquier consideración, se trata de un excelente ejercicio imaginativo, que nos hará reír y nos dará para horas y horas de charla.

Amiga mía, de Raquel Congosto, en Blackie Books: Una magnifica primera novela, cargada de verdad, que cuenta el fin de una amistad a priori irrompible y cómo la vida sigue después de esa ruptura. Una historia transparente y que nos mantendrá en vilo hasta el final.

El accidente, de Blanca Lacasa, en Libros del Asteroide: ¿Podemos considerar «accidentes» algunas relaciones personales? Esta es la historia de una y, lo más interesante, una tan común que seguro que a muchos lectores les sonará.

Imposible decir adiós, de Han Kang, en Random House:  Traducción más reciente de la Nobel de Literatura coreana y, para mí, sin duda su mejor novela.

Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Monoanónimo chino, en Siruela: Uno de los cuatro libros fundamentales de la producción clásica china, en el que muchos dicen que está inspirado el famoso manga Dragon Ball.

La huella del crimende Raúl Waleis, en Adriana Hidalgo: Este rescate editorial es todo un hallazgo, publicada en 1877, la novela de Waleis, anterior a los crímenes reales de Jack el Destripador o a las crónicas de Pérez Galdós sobre el crimen de la madrileña calle Fuencarral, es casi seguro la primera novela policiaca escrita en español.

Fantástica historia de amorde Sophie Divry, en Nórdica: Dos situaciones y dos personajes inicialmente anodinos se convierten el el germen de una historia alucinante, que, sin ser un thriller, recurre a sus reglas para engancharnos sin remedio. 

Invernal, de Dario Voltolini, en Asteroide: una novela breve, pausada y poética sobre el declive de un padre a ojos de su hijo, a partir de un hecho terrible.

Trizasde Carlos Zanón, en Espasa Poesía: Zanón, en los últimos años más conocido por su literatura negra —Taxí, Love Song— lleva publicando poesía desde 1989 y con este poemario, canalla y lleno de sentimiento, nos demuestra que también en ese ámbito merece nuestra atención.

Asesinato en el Lago de Garda, de Tom Hindle, en Ático de los Libros: Cozy crime perfecto para el verano —el relato de un crimen en una boda de la alta sociedad—, que mezcla las técnicas clásicas de Agatha Christie con el desarrollo tecnológico de nuestra época.

¡Oh, Susana!de Manuel Ocaña, en Plasson e Bartleboom: Una peculiar novela (que se define a sí misma como «novela técnica»), basada en un hecho real, sobre un también peculiar desarrollo de proyecto arquitectónico. Todo en este libro llama la atención, incluida su edición, llena de «saltos» y música.

El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov, en Impedimenta: El libro más personal de Gospodínov, que relata el último mes de vida de su padre de una manera emocionante y sorprendentemente luminosa.

Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina, de Illan Pappé, en Capitan Swing: Síntesis indispensable para todo el que quiera comprender el porqué y el desde cuándo de todo lo terrible que está ocurriendo. Pappé es uno de los intelectuales que mejor conoce y, sobre todo, que mejor explica esta historia.

El arte de la conversación literaria, de Raquel F. Cobo, en Barlin Libros: Un ensayo breve, tanto en extensión como en dimensiones de la edición, que devuelve la importancia a la conversación como forma literaria original, anterior a cualquier otra, y como herramienta para llegar al otro y afianzar los afectos. Maravilloso.

Refugio, de Eva Morell, en Debate: Aire fresco. Eva Morell, autora de la exitosa newsletter El Club de la Cabaña, convierte la cabaña en el centro de un curioso recorrido por la historia y el desarrollo individual: de las cabañas de nuestra infancia a los refugios de los escritores, pasando por las cabañas del futuro… un texto sobre naturaleza y desconexión que merece mucho la pena.

Un momento de ternura y de piedad, de Irene Cuevas, en Reservoir Books: Una ópera prima cargada de potencial, sobre amor, familia y crimen. La historia de una joven asesina de ancianas centrada tanto en los asesinatos como en la vida privada de la mano ejecutora, que se verá en un aprieto cuando un encargo de «trabajo» se convierta en otra cosa.

El asesinato de los Aosawa, de Riku Onda, en Salamandra: La novela revisa el impacto en la ciudad de K de un asesinato múltiple no del todo resuelto, el cometido por envenenamiento en la celebración de cumpleaños de la familia Aosawa: 17 muertos y solo dos supervivientes que, tiempo después de la tragedia, recrean junto con otros miembros destacados de la sociedad de aquel momento los detalles y sombras de la carnicería, en busca de una conclusión más satisfactoria que la que se dio al cerrar el caso. Ahora que la ficción criminal japonesa está de moda más que nunca, este es un título perfecto para empezar a conocerla.

Mi perdición, de Alfred Hayes, en La Bestia Equilátera: Escrita a finales de los 60, Mi perdición es uno de los títulos más representativos de Hayes, nombre indispensable si hablamos de la novela negra estadounidense (aunque Hayes nació en Inglaterra, se crió en Nueva York), sobre todo de la novela negra orientada a lo sentimental. En esta historia se cuenta la deriva de un hombre que, huyendo de Los Ángeles para olvidar un amor, acaba en Nueva York para caer en una trampa.

Orbital, de Samantha Harvey, Premio Booker 2024, en Anagrama: Una novela de ciencia ficción, que describe como es la vida cotidiana de seis astronautas en la Estación Espacial Internacional. El libro tiene tanto fanáticos rendidos ante él como detractores extremos, pero yo creo que merece la pena leerlo, porque hasta el ritmo nos lleva a imaginar la vida en el espacio.

El misterio de la tercera millade Colin Dexter, en Siruela. Esta novela forma parte de la serie literaria protagonizada por Endeavour Morse, al que todos conocemos gracias a la serie en Filmin. Creado originalmente como personaje literario por Colin Dexter, las novelas son un germen muy digno del producto audiovisual, nos transportan a Oxford y nos enganchan con tramas como esta: varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial, alguien decide vengarse de un acto cobarde en el campo de batalla y un catedrático universitario desaparece sin dejar rastro. ¿Serán las cosas lo que parecen?

‘La ciudad de los vivos’

«El coronel partía del supuesto de que el hombre es una criatura frágil, y que sólo una ética a prueba de bombas, y una inquebrantable fuerza de voluntad, le impiden a veces sumirse en el desastre.

—Además, lo que tienen a su alrededor no ayuda —agregó.

Se refería a la ciudad».

Hoy terminaré La ciudad de los vivos, una lectura que no se me olvidará. La historia de cómo y por qué, en marzo de 2016, mientras la lluvia amenazaba la ciudad de Roma, Manuel Foffo y Marco Prato acabaron brutalmente con la vida de Luca Varani no es un true crime al uso, sino una obra literaria de calidad excepcional, que entronca directamente con A sangre fría o la más reciente Devoradores de sombras, y ofrece al lector un fresco del horror doméstico tan árido y descarnado, como atractivo gracias a su tremenda oscuridad.

Sin tiempo para escribir un artículo en condiciones, pero con muchas ganas de recomendarlo por aquí, porque creo que merece mucho la pena y ardo en deseos de que alguien cercano se lea el libro para poder comentarlo largo y tendido, dejo a continuación mis reflexiones y notas:

  • «¿Podemos hablar de la resistencia física del mal después de haber sido cometido?». Esta es una de las muchas preguntas que, a lo largo del texto, se formula Lagioia. Nos encontramos ante un relato plagado de interrogantes y, más concretamente, plagado de interrogantes sobre el mal y sobre el horror. Aún a riesgo de simplificar en exceso, los agrupo en un par de cuestiones: ¿El mal se queda? Allí donde ha sucedido algo terrible a manos humanas, ¿prevalece como una masa densa y transparente que podemos intuir y rechazar?; y ¿el mal es capaz de apoderarse de las personas buenas y sumirlas en un estado transitorio de locura? ¿Podría cualquiera de nosotros ser el responsable de una atrocidad semejante a la perpetrada por Foffo y Prato?
  • No hay deriva individual ajena a la deriva del espacio que la acoge. Para Lagioia, la decadencia de Roma, presente en cada una de las mil ratas que infestan la ciudad, no se produce en paralelo a la de los asesinos, sino que alimenta su temeridad y, a la vez, se nutre también de ella. ¿Hay un crimen para cada escenario urbano e histórico? ¿Un tipo de criminal y un tipo de víctima? Si abordamos La ciudad de los vivos desde esta perspectiva, podría justificarse el hecho de que un librero algo irónico la clasificara como literatura de viajes, y la verdad es que la crónica incluye numerosos pasajes descriptivos, a la altura del más exigente flâneur.
  • La identidad como crimen. ¿Ser de una u otra forma nos sitúa a ojos de la opinión pública a la altura de quién nos hace daño y, en cierto modo, lo justifica? ¿Era Luca Varani un chapero? ¿Tenía tendencias homosexuales que había decidido ocultar? A lo largo de la narración, descubrimos cómo la sociedad se apoya en los rasgos que definen la personalidad de los protagonistas de la tragedia -orientación sexual, nivel económico, entorno familiar- para prejuzgarlos y endurecer o suavizar la mirada sobre el hecho delictivo, sobre la muerte violenta, que debería analizarse de forma independiente a la condición de quienes, víctima o verdugos, la protagonizan.
  • «Nosotros no lo sabemos todo, pero Facebook a lo mejor sí». Esto le dice el abogado de Marta Gaia, novia de Luca Varani, a Lagioia. Ni siquiera por nuestros seres queridos deberíamos atrevernos a poner la mano en el fuego. Ellos por nosotros, tampoco. Sin embargo, es curiosa la facilidad con que, sucedido el desastre, nuestras vidas se pueden reconstruir a partir de la red, de nuestro rastro impostado o sincero en los buscadores y las plataformas. ¿Quiénes somos? o, mejor: ¿quiénes somos «realmente»? Vivimos en una época en la que resulta difícil separar la ficción de la realidad.
  • Por último, qué importante es la voz y la forma que elegimos a la hora de (en este caso) reconstruir una historia. Nos encontramos, además de ante un suceso hipnótico por lo que tiene de demoledor, ante un narrador inmejorable; y quizás sea él, el autor, el que consigue que La ciudad de los vivos de el salto de «crónica interesante y adictiva» a «lectura imprescindible».